lunes, 26 de octubre de 2015

Contra el Agente Smith




Los otros días me encontré con un antiguo compañero de colegio. Lleva un par de años desempleado y ahora lo han llamado de un restaurante en las afueras de la ciudad para un contrato de fines de semana por el que le pagan a razón de cinco euros la hora. "¿Te acuerdas de fulanito?", me preguntó. "Sí, claro". "Yo me acuerdo mucho -me dice-, recuerdo que cada vez que se le partía una palmeta a un maestro, él venía al día siguiente con una nueva, a pesar de que justo él era a uno de los que más palmetazos le daban. Nunca lo entendí. Pero ahora me siento un poco así, no sé si me comprendes"



Decía Saskia Sassen, socióloga, premio Príncipe de Asturias de las Ciencias Sociales de 2013, que la política empleada por el gobierno español destruiría a una de las economías europeas más fuertes de Europa, por favorecer la renta financiera frente a la estabilidad, y que eso iba a ser difícil de recuperar, puesto que su construcción -la de las industrias y empresas de alta calidad-, habían supuesto el esfuerzo de varias generaciones. Añadía, la inmoralidad que supone pedir continuos sacrificios a la población mientras se rescatan a fondo perdido con miles de millones a los bancos, causantes en buena medida de la situación que vivimos.

Efectivamente, estos años han supuesto un terrible costo en vidas humanas, en pérdida de horizontes, en consolidación de la precarización y de la pobreza como un instrumento imprescindible para aumentar la desigualdad social, en la que hemos pasado del puesto 15º al 4º de los países de la UE. Se ha duplicado el número de pobres entre 2007 y 2015, situándolo en más de tres millones actualmente, mientras que hay 21 personas milmillonarias cuya riqueza  conjunta asciende a 106.000 millones de euros. El gasto público en sanidad y educación se ha reducido en un 21% desde 2010. Según UNICEF, más del 30% de los niños en España y otros países como Rumanía y Lituania, viven por debajo del umbral de la pobreza,..

Pues bien, a pesar de ello en las encuestas sigue apareciendo el PP como primera fuerza en intención de voto. No es de extrañar pues, que cada vez que damos una charla sobre afrontamiento ante la crisis buena parte de las preguntas se centren en cómo convencer a los vecinos, a los amigos, a las personas que están a nuestro alrededor, de que hay que provocar un cambio, de que no podemos seguir trayéndole la palmeta de madera una y otra vez a nuestros verdugos.

Una amiga me comenta que vio mal en el debate de Salvados a Pablo Iglesias, que Albert Rivera lo llevaba mejor preparado y fue más contundente en el empleo de datos y que cosas como esas van  a determinar en buena medida el resultado electoral. Entonces me pongo a pensar en Rivera y me viene a la cabeza el Agente Smith, de Matrix, un programa infiltrado entre los humanos virtuales con apariencia igualmente humana, que se dedica a controlar cualquier rebelión.

Como en Matrix, una parte de la población es posible que se fije en lo entalladito que le queda el traje al Agente Smith y que otra sea consciente de cómo la máquina ha logrado colarnos a Rivera, perdón, a Smith.

El Ciudadano Smith vendría a ser como la palmeta esa que le traemos al maestro-torturador cuando había roto la anterior golpeándola sobre la palma desnuda de nuestras manos. Es una palmeta nueva, recién repasada por un afanado carpintero que ha redondeado a conciencia todas sus aristas y que casi te dan ganas de ofrecer voluntariamente tu otra mano o incluso un lomo para estrenarla.

No estoy seguro de que fructifique el esfuerzo en desenmascarar al programa o a los programadores, lo que sí sé es que necesitamos recuperar la ilusión. Aún con las fisuras y las dificultades, nunca he visto a tantas personas capaces y honestas luchando por el bien común. Algunas temporalmente en lugares diferentes pero con un mismo fin. Ni Iglesias, ni Garzón,  son Neo. Se equivocarán, seguro. Nos equivocaremos en el intento, pero estamos en Zion, debajo, porque se construye desde abajo, desde los cotidiano. Hemos visto las grietas y ahora toca cambiar. Neo eres tú.


miércoles, 10 de junio de 2015

AHORA EN COMÚN



Al régimen se le han abierto las heridas tras el 24M. Mayo no parece ser un buen mes para el sistema, se ve que la primavera produce urticaria sobre esa otra piel, la que tienen y la que, según Floriano, les falta. También ha dado lugar a un debate fundamental: ¿cuál debe ser la estrategia adecuada de cara a las generales?

Alberto Garzón se ha posicionado con claridad al respecto y ha planteado en tal sentido ante la Asamblea Federal de IU una propuesta que ha sido aprobada por una amplia mayoría. Muchas voces van en la misma línea, desde Anguita hasta Beiras, pasando por  medios progresistas y movimientos sociales. Todos le piden a PODEMOS que abra el paraguas, que tome nota de lo sucedido el día veinticuatro y se sume a la confluencia.

En muy poco tiempo, PODEMOS ha tenido la virtud de  crear marcos de debate impensables hasta hace poco, de crear referentes y posibilidades, de ponerle nombres y permitir identificar e identificarse y por lo tanto, de crear identidades alternativas. En ese lapso todo lo demás pareció de pronto viejo: las chaquetas, las poses, el discurso,... 

Podríamos decir que ha sido, en gran medida, el ariete que nos ha permitido ver que el muro no era inquebrantable y la cuestión ahora es si servirá también para tomar la Bastilla, esa pelota endogámica con la que han jugado un partido eterno el PPSOE, o si necesitaremos una suerte de unidad amplia como la que propugnan Garzón y otros. 

Los partidarios de crear una estrategia similar a la que ha tenido éxito en los principales municipios del país aducen que PODEMOS, en las autonómicas, sólo ha conseguido un 14% de votos, que, siendo importante, no se acerca al planteamiento de toma del poder que se hace desde el partido. Sin embargo, los dirigentes del mismo comentan que manejan datos que muestran que actualmente se da un empate técnico entre su partido y el PSOE, dato este reflejado también en la última encuesta de "El País".



Es ahora

Según Friedman, uno de los padres del neoliberalismo, cuya foto figura encima del lecho conyugal del matrimonio Aznar-Botella: "Solamente una crisis, sea real o percibida, produce cambio real". A estas alturas ya sabemos hasta qué punto esto se ha utilizado esta estafa para provocar una adptación a los nuevos requermientos del capitalismo. Se ha constuido un discurso que permite que  se nos robe la cartera y todavía estemos agradecidos a los  ladrones por dejarnos los pantalones al menos, visto que a otros los han dejado incluso sin ropa interior. 

Pero esa puerta no se abre en una única dirección. También nosotros podemos abrirla, lo único es que mientras ellos disponen de una cartuchera repleta, nosotros tenemos sólo una bala, si fallamos tendremos que pasar otra temporada larga y gris remando contra esta plaga de injusticias y encima a lomos de estos a los que "Jueces para la democracia" han designados como "la peor legislatura de la historia". Tenemos que apuntar bien.


El 99%

Las dudas pues, sobre el camino,  tienen que ver fundamentalmente con que hasta ahora, sin los votos de centro, o sea de indefinición política, ha sido imposible gobernar en este país. Es verdad que los humildes, los trabajadores, los expulsados, los que, en suma, sufrimos de una u otra forma las injusticias deberían ser conscientes de que cuando votan a los de siempre les están comprando el látigo al que les va a fustigar y parece que simplemente vociferando esa obviedad todo el mundo debería ir corriendo a comprarse el casco de la conciencia social y obrar en consecuencia. Pero lo cierto es que eso no funciona así.

De forma que PODEMOS optó por crear un nuevo escenario que disputara la tradicional vertebración derecha vs izquierda, un espacio, por otra parte,  en el que cuando miras a los principales actores, cuesta trabajo encontrar las siete diferencias  y si las encuentras en algún partido, ya ellos mismos se encargan  de colocarse en el borde del tablero, desde dónde únicamente se puede acceder a ver a la chica marcharse a París. PODEMOS, al igual que antes lo hiciera desde el Frente Cívico, Julio Anguita, o el movimiento Occupy americano con su "We are the 99%", utiliza una división diferente, más acorde con el proceso de despolitización que hemos sufrido todos estos años, o de identificación con siglas concretas: la de los de arriba vs los de abajo.

Para poder recoger ese sentimiento (y sus correspondientes votos), PODEMOS planteó un programa económico que hubiera firmado cualquier socialdemócrata de los años 80 -excepto probablemente los socialdemócratas de este país -, un programa básico, con lo mínimo que se puede plantear para no dejar la patria con la medalla de oro a la venta de Alprazolam para combatir la incertidumbre del día a día. Si Zerolo, honesto luchador por los derechos humanos fallecido ayer, hubiera tenido que defender una ley para permitir el matrimonio homosexual hoy en día, la caverna habría pedido su lapidación pública en Chueca. 

En esa misma línea de programa de mínimos, de rescate ciudadano, se han movido las plataformas que se ha presentado en determinados municipios, en las que se incluían muchas fuerzas dispares y que han tenido un éxito inesperado probablemente.

Así pues, no hay planteamientos esencialmente diferenciadores entre PODEMOS y el resto de fuerzas que han participado y quieren participar de un frente amplio, es sólo una cuestión de cuál es el mejor camino, por lo que no me voy a centrar en los contenidos sino en la parte del envoltorio, el vestido,  con el que deberíamos hacer esta travesía.

Es ahora, somos mayoría, ¿cuál es el camino?


Por muy bueno y justo que sea el programa no servirá de nada si al final no nos lo compran. Si echamos la vista atrás veremos consternados que casi todos los planteamientos que hizo Anguita y su equipo de colaboradores en IU sobre el tipo de construcción que se estaba gestando en Europa y hacia dónde nos llevaría, se han cumplido. Pero aquel discurso tan argumentativo como poco emocionante, no fue interiorizado por los que luego sufrirían las consecuencias de lo que en él se avisaba. Se convirtió en algo periférico y por lo tanto, sólo nos queda el consuelo de poder esgrimir el índice delante de caras ajenas repitiendo: "Te lo dije". 
Creo que la fórmula se parece mucho a lo que ya hemos visto que ha funcionado este 24M.

Aversión a la pérdida
 
Según el psicólogo Nóbel de Economía,  Daniel Kahneman, la votantes analizarán a unos y otros en términos de pérdidas y ganancias. ¿Cómo elegiremos: para ganar más o para evitar perder? Según sus investigaciones, tendrá más peso la aversión a perder que la promesa de ganancias celestiales.

 Recientemente una señora mayor a la que recomendé asistir a unos talleres me dijo que ya no podría ir, porque como había perdido el alcalde (del PP), los que han ganado iban a quitarlos todos. Le pregunté quién se lo había dicho y me dijo que fue en una charla del PP que tuvo lugar en un Hogar del Pensionista. Volví a preguntarle si no habían ido de otros partidos y me dijo que sí. "¿Y esos partidos dijeron que iban a suprimir los cursos de mayores?". "No", me dijo, "pero claro, ellos que iban a decir".

Digamos que el miedo activa mucho más rápidamente nuestra respuesta de supervivencia.

Para el sistema, desde este punto de vista, es mucho más fácil generar miedo frente a un enemigo concreto que frente a un colectivo heterogeneo.

Elegir el terreno
 
En Madrid, Esperanza Aguirre volvió a utilizar la estrategia habitual: señalar a un sujeto como rival (en este caso a Carmena) y repartir un panfleto con las barbaridades habituales para repetirlas desayuno, almuerzo y cena. En este caso, la elección del rival servía para matar  dos pájaros de un tiro: restar posibilidades al PSOE y descuartizar a un rival menor, una especialidad carroñera de la casa. Para sorpresa de su partido,(como creo que ella como sólo se escucha a sí misma no se daba cuenta), Carmena no dedicó demasido esfuerzo al rifirafismo, más bien lo desmontó de un plumazo con un par de frases que desnudaron sin acritud la actitud ponzoñera de su adversaria.

Creo que no sólo Esperanza Aguirre no se había leído el programa de "Ahora Madrid", probablemente buena parte de los que echaron el voto para esta plataforma tampoco lo habían leído. No hizo falta.

Sobre qué hablamos

PODEMOS ha establecido una estrategia para los pactos post 24M que podría servirnos de referencia respecto a otro aspecto esencial: quién establece el territorio.

La proclama básica de PODEMOS ha sido: hay que echar al PP de las instituciones. Esto sitúa al PSOE en una posición difícil puesto que si pudiendo echarlos permite que sigan estarán traicionando su discurso de izquierda regeneradora y si ayudan en aquellos lugares en los que no van a gobernar ellos a otros para echar a los del PP, estarán situándose en el terreno propicio para que los populares los acusen de radicales, por lo que el añorado paquete de centrovotantes podría desplazarse hacia la miserable zona tranquila.

No es que eso no lo hayan dicho también otras fuerzas de izquierda, es simplemente que a PODEMOS se la escucha más ahora.

¿Quién tendría más fuerza para establecer un marco: PODEMOS o AHORA EN COMÚN? 
 

El empoderamiento
 
Si la estrategia se limita al horizonte de las generales corremos el riesgo de que resultados no esperados acaben con la energía e ilusión depositadas. 

Recuerdo la gran confluencia de movimientos, partidos e independientes que se aglutinó en torno al referéndum anti-OTAN. Aquello supuso una frustración terrible, la primera al constatar la tración sin ambages del PSOE y la segunda en el resultado del referéndum. De aquella lucha surgió en gran medida IU, pero aún tengo en la retina el sentimiento de pérdida colectiva.

Estos meses de lucha que nos esperan serían un desastre si se consumen en masticarnos los intestinos unos a otros intentando convercer al de enfrente. No sé si sobreviríamos a ese proceso. Ya el mero hecho de presentarse sí o sí en muchos ayuntamientos, agrupándose como fuere, sin estructura ni condiciones suficientes, sin formación a veces adecuada, ha producido un desgaste que va a pasar factura en lo que queda por delante. No sería justo perder la referencia esencial de para qué estamos aquí, que debería ser un poco como suele decir Teresa Rodríguez, de paso hasta volver a nuestro sitio, con nuestra gente, no para alejarnos hasta llegar al limbo de los retóricos. No debimos sentarnos nunca en el sofá, pero ahora que nos hemos levantado deberíamos centrarnos en construir espacios que nos ayuden a disfrutar del otro, de la otra, de la calle, de nuestro barrio. Desde el sofá el barrio queda lejísimos.

Lo que han llevado a cabo las mareas, partidos y movimientos de distinto tipo en Galicia, Asturias, Aragon, País Valenciano, Barcelona, Madrid, etc. ha sido fundamentalmente un ejercicio de empoderamiento colectivo. El reparto de tareas, la falta de medios, la imaginación desbordante que da la ilusión por una sociedad más justa, la alegría de compartir,.. todo ese espíritu que en Chile ganó el NO a Pinochet frente a la campaña del miedo, que nos saca del mullido run run de los perdedores, todo eso que se presenta ahora delante de nosotros, tenemos que saber hacerlo crecer. Esa es nuestra tarea esencial.

Es Ahora, sí, Ahora en Común.




viernes, 15 de mayo de 2015

15-M: La primavera como instrumento de cambio








Hace cuatro años, una tarde de sábado me llamó un amigo para preguntarme si cogíamos el tren y nos íbamos a la acampada de Sol. Lo preparamos todo en diez minutos, pero a última hora un imprevisto nos dejó en tierra, siguiendo desde la distancia por streaming y a través de las redes socials todo aquel proceso tan sorprendente e ilusionante.

En poco tiempo, cientos de plazas de todo el mundo se contagiaban, igual que la nuestra se había contagiado de otras más al sur. La indignación fue tomando la forma de un grito colectivo, el único con capacidad real de transformación, y la ilusión y el deseo de unirse al proceso, de volver a una batalla común y necesaria, se apoderó de muchos de nosotros hasta transformarla en militante realidad.

Hoy el paisaje ha cambiado, el efecto de aquella concentración sigue presente en nuestras vidas en muchos sentidos, no me voy a extender en ello ahora, algunos de esos cambios los refleja muy bien uno de los partícipes de aquella primavera (http://www.eldiario.es/interferencias/15M-aniversario-politica-futuro_6_387471280.html). Desde el sistema hasta los anuncios de publicidad, han intentado -y en muchos sentidos lo han conseguido- fagocitar la estética para desviar el contenido, pero no han podido volver a meter en sus casas a aquellos que un día se atrevieron a salir. Y ahí estamos, en la lucha.

Cuando alguien me pregunta en la consulta si "lo suyo" (ansiedad, depresión o preocupaciones por determinados problemas vitales)  tiene arreglo, yo suelo decirle que sí, seguro, que va a cambiar, bien fruto del paso del tiempo, bien porque se implique en la tarea. La diferencia estará en que en el primer caso no sabrá por qué y en el segundo tendrá una herramienta para no volver a recaer en el futuro o manejarlo de una forma más eficaz. De la misma manera, mayo de 2011 sirvió para que muchos se dieran cuenta de que había una herramienta que tenía más que ver con el crecimiento colectivo que con el crecimiento personal, con la solidaridad que con el sálvese quien pueda, que la ilusión es  una emoción antagonista al miedo y al desánimo y que crece cuando sientes a alguien cerca de ti, que no te deja caer o que te tiende la mano cuando lo necesitas.

Tres años antes, al iniciarse la crisis había escrito un post sobre el intento de obnubilación al que estábamos siendo sometidos, aquel proceso alienante por el que por un lado veíamos al mundo desplomarse y por otro a los políticos de turno negándolo todo (http://historiasymentes.blogspot.com.es/2008/10/crisis-what-crisis.html ). No tardamosen sufrir con intensidad la verdadera cara de la estafa, esa vuelta de tornillo para resituar la periferia alrededor de un país llamado "mercado", un centro etéreo sin fronteras conocidas, ante el que veíamos -y vemos-  postrarse a los vasallos a los que un día les dimos la oportunidad de traicionarnos.

Después de aquella excursión frustrada al centro de la indignación, mi amigo y yo no nos perdimos ninguna más. Seguimos militando en ese lado tan necesario del fortalecimiento de las bases, de la creación de estructuras, del empoderamiento colectivo,.. Un espacio imprescindible, en el que los cambios son lentos  y los avances se intercalan con las pausas y los retrocesos.

Hubo una presencia física allí, en aquella y otras muchas plazas, y hay otra, menos tangible, que aún permanece en nuestras mentes y que nos lleva una  y otra vez a ese escenario, al de la alegría de vernos y sabernos juntos.

Que nos cunda.



domingo, 8 de marzo de 2015

Mancharse de esperanza

"...ha llegado el momento de cambiar el rumbo de la nave"
José Luis Sampedro


Muy raras veces se abre una brecha en el muro, un espacio por el que se asoma la justicia. Una brecha, en este caso, lograda a base de pequeñas victorias, de mareas de colores, de vernos en las calles como posibles  y no como sombras anónimas.

Tras más de treinta años de gobierno del PSOE en nuestra tierra seguimos a la cola de los principales índices de bienestar social.  En las charlas sobre los efectos de la crisis suelo preguntar quien no conoce un caso de enchufismo en la administración autonómica o local y todavía no me he encontrado una sala en la que alguien levantara la mano. Es otra corrupción, menos visible, más asumida, basada en la visión del partido como una especie de empresa a la que se accede reptando. Quizás por eso el fondo por el que se repartieron tantas subvenciones acabó llamándose "fondo de reptiles".

No voy a hacer una relación de esos indicadores, si usted está interesado o interesada no tiene más que buscarlos.  Tampoco voy a vocear el latrocinio y el espolio al que hemos estado sometidos sistemáticamente desde esa estructura organizada en forma de partido. Se trata en realidad de algo mucho más simple, se trata, digo,  de girarnos hacia los titiriteros y decirles que ya no nos creemos su juego de luces y sombras, que ya queremos salir de la caverna,  que aunque se les llena la boca con la palabra "Andalucía" me suenan distantes, extraños. Los veo en la letra de las comparsas, pero no escribiéndolas ni cantándolas, no son pueblo, están al otro lado, ahí donde no duelen las heridas y ahora ya vivir se ha puesto al rojo vivo, que decía Blas de Otero, y no queda espacio para la indiferencia.

Toca vestirse y salir a la calla a mancharse de esperanza. "...mañana me dispongo a estar contento...", escribió Ángel González, no puede ser de otra manera. 

miércoles, 31 de diciembre de 2014

2015: Es hora de que se vayan



Hace unos días, en  eldiario.es aparecía un artículo que comentaba lo siguiente: En mayo de 2011, alguien en la puerta del Sol colocó un cartel tipo que decía: "Silencio,  que vamos  a despertar a los Griegos". Y la gente se lanzó a las plazas", afirma Christine.  A partir del 25 de mayo de 2011, los griegos tomaron la plaza Syntagma de Atenas y cientos de plazas en todo el país. 100.000 personas rodearon el Parlamento, con un gran cartel en español: "Estamos despiertos. ¿Qué hora es? Es hora de que se vayan".







domingo, 15 de junio de 2014

La banalidad del mal



Adolf Eichman  era un teniente coronel de las SS, organizador de las deportaciones de judíos a los campos de concentración. Fue condenado a muerte en Israel tras un juicio televisado en directo. Lo más llamativo de este individuo era precisamente que no había nada llamativo: se trataba de un hombre vulgar, contrariamente a lo que podría esperarse, un monstruo inhumano, Eichaman podía haber pasado, por su apariencia, por ser cualquiera de nosotros. Hanna Arendt decía que era, precisamente esa vulgaridad, la que lo convertía en alguien terrorífico..

En el juicio adujo que se limitaba a cumplir órdenes. Esa fue su principal línea de defensa. Arendt, que estuvo presente en la sala, utilizó la expresión "la banalidad del mal" para referirse a  cómo  un simple funcionario, una persona cualquiera, podía convertirse en un burócrata ajeno a las consecuencias de sus actos, más pendiente de su quehacer diario, de los detalles de su proceso cotidiano, que de las implicaciones que tenía su tarea.

Me he preguntado muchas veces cómo es posible que las personas que toman medidas tan duras que hacen que miles, millones de personas incluso, sufran un cambio radical y terrible en sus vidas, que se queden sin vivienda, que no puedan dar de comer a sus hijos, que pierdan el empleo y las esperanzas de volver a encontrarlo, que tengan que mendigar o buscar en la basura,..., cómo es posible, repito, que aduzcan, de alguna manera, lo mismo que Eichman: cumplo órdenes; no se puede hacer otra cosa.

Arendt estaba equivocada. No existe ese eximente, no existe esa banalidad que permite ser espectador, mero funcionario de otras instancias superiores, sin conciencia de las repercusiones. No existe esa enajenación si no es por la mera voluntad personal de que exista, si no es  por elegir mirar para otro lado, aún a sabiendas de lo que ocurre allí dónde sus ojos dejaron de mirar.

 Algún día, algún jurado tendrá que tenerlo en cuenta.

miércoles, 28 de mayo de 2014

El sentido de la vida



Rumiar, darle vueltas a lo mismo, a cosas que ya no tienen solución o que si la tienen no están a nuestro alcance, recordar acontecimientos tristes del pasado, dudar sobre qué hacer,... Estas suelen ser algunas de las quejas habituales de las personas que llegan a las consultas de psicología y son, además, el caldo de cultivo de buena parte de los libros de autoayuda al uso.

- ¡Dígame la fórmula! No quiero seguir amargándome con este tema.

Y entonces nosotros sacamos el recetario y ponemos a su disposición un arsenal terapéutico para el manejo de esas rumiaciones. Pero la premisa de este planteamiento tiene mucho de falsa. Si a usted no le gusta como lo tratan en un bar puede simplemente dejar de ir al mismo, pero si lo que le atormenta es el ridículo que le hizo pasar el dueño del bar delante de todos sus amigos, no va a poder abandonar esa habitación interior simplemente por decidir que no quiere seguir pasándolo mal. Creer que puede controlar ambas cosas de la misma manera es la clave de ese otro malestar secundario que tiene que ver con no sentirse capaz de quitarse ese mosquito permanente del cerebro. Tras varios intentos, sufrirá por la afrenta y sufrirá por no ser capaz de quitarse la afrenta de la cabeza.

En nuestra casita interior, los intentos de control provocan un efecto paradójico. Cuando decide que ya es hora de dormirse, seguramente conseguirá desvelarse más, porque al intentarlo activa la rama simpática del Sistema Nervioso Autónomo, que es precisamente la que no le va a dejar conciliar el sueño. De la misma manera, cuando se angustia por un pensamiento o recuerdo determinado, se activarán una serie de sustancias para prepararle físicamente a hacer frente a esa sensación y esas sustancias actuarán como una especie de pegamento emocional que hará más difícil aún que no vuelvan a aparecer en su cabeza. En realidad, teñirán esos pensamientos como peligrosos y cada vez que aparezcan reaccionará de manera similar y, lo que es peor, en su lucha por deshacerse de ellos el tinte se irá fortaleciendo.

Una tarea nuestra, por tanto, consiste en desmontar ese tipo de mitos amparados en que el objetivo de nuestras vidas debe ser la felicidad permanente, la evitación de todo tipo no ya de sufrimiento, sino incluso de malestar. Hemos desterrado las manifestaciones de dolor, porque no encajan con este estado de impulso hacia la felicidad de tarjeta de crédito en el que estamos inmersos.

Desde la orientación que trabajo solemos utilizar una metáfora descriptiva de este planteamiento: mientras usted está luchando denodadamente contra las malas hierbas, ha dejado de cultivar las flores del jardín. Y es precisamente esa tarea, orientarse hacia sus valores, hacia aspectos que tengan que ver no sólo con usted, sino también con las personas que están a su alrededor, cultivar los tulipanes, lo que hace que la mala hierba crezca menos y tenga un papel secundario.

Es cierto que tenemos técnicas para ayudar a que esos pensamientos recurrentes sean menos invasivos y dolorosos, pero en última instancia, la modificación de creencias respecto al control que podemos ejercer sobre los pensamientos y las emociones, así como apostar por la ilusión y el compromiso, con nosotros mismos y con nuestro entorno, serán esenciales para darle sentido a su vida, o simplemente para comprender que no necesariamente tiene por qué tenerlo. Pasear por el campo buscando setas bajo una ligera llovizna que lanza al aire un profundo olor fresco a naturaleza  no le da sentido a la vida, pero es agradable.

lunes, 19 de mayo de 2014

¡Dios mío, no permitas que me caiga al vacío!



Aparte de las consecuencias directas de la crisis sobre la vida de las personas y  sus familias, existe otra menos visible, más encubierta, pero no menos perniciosa. Se trata de la incertidumbre ante el futuro, de la desaparición de todas las certezas.

Recientes investigaciones apuntan el papel desestrucutrante que  tuvo el encuentro (¿descubrimiento?) entre Europa y América en las mentes de la época y en las posteriores . En los Archivos de Indias se pueden encontrar testimonios sobre las dudas y temores de muchos de los marineros que viajaban hacia lo desconocido. Aterrorizados, rezaban continuamente pidiendo no caer al vacío en cuanto desapareciera el mar, o sea, allí al fondo, cuando llegaran al horizonte. Tras el  encuentro, el nuevo mapa del mundo se extendió más rápido que ese otro mapa mental, pertrechado en seguridades ahora cuestionadas. Los cambios en las mentes sólo pudieron crecer a la par que los sembrados de  patatas. El fin de lo conocido dio origen al principio de la incertidumbre, y la deconstrucción de lo anterior empezó a reflejarse en el arte, que se liberaron de las ataduras igual que la tortilla desestructurada de Adriá ayudó a liberarse  de lo cartesiano en la cocina.

La guerra civil española, el miedo al que se sometió posteriormente a la población mediante la violencia real y figurada, así como  la hambruna subsiguiente, modificaron también la recién iniciada ilusión de lo imposible, y se apoderaron de las cabezas, y de las cabezas de los hijos, y la de los hijos de los hijos que ni siquiera las habían conocido.

Ahora vivimos un periodo en el que ni siquiera las evidencias son capaces de volver el mapa redondo, una mayoría sigue aferrada impasible a su viejo mapa plano, convencidas de que no llegaremos nunca a caernos al vacío, no porque desde nuestra ventana no veamos al vecino defenestrarse sin remisión, sino porque es más fácil creer que alguien lleva el timón hacia otro, el anterior, horizonte interminable.

Las crisis son hoyos, tropezones transitorios del que algunos tendrán que salir con esfuerzo. Pero esto no es una crisis. Aquí el esfuerzo individual vale de poco porque esto no es un hoyo real, sino un reajuste del cinturón  y los agujeros  restantes, los de la barriguita cervecera, es probable que no volvamos a necesitarlos.

Las marcas de esta línea que separaba el capitalismo sin máscara,  de ese otro que dibujaba el fin del mundo en el estrecho de Gibraltar, son cada vez más difusas y ahora los que salimos en los telediarios del mundo  después de las noticias de catástrofes y los  niños del Biafra somos nosotros,  ya no son otros, y  ahora el telediario  siempre nos coge en casa. Ahora somos nosotros, sí, también  nosotros los que escarbamos en la basura y saltamos las vallas aunque sea en avión.

Las cabezas y sobre todo  esas conexiones que se establecen dentro de las cabezas, empiezan a dibujar el futuro desde la frágil mirada de la vulnerabilidad. El miedo  hace girar el timón y dirigir los esfuerzos no ya hacia lo posible, y menos aún hacia la utopía, sino hacia las tripas, hacia sí mismos. La razón y la crítica se desvanecen y se irán desvaneciendo aún más. No tendremos sitio para Platón, porque lo relativo se  habrá apoderado de la verdad y si nada es verdad, todo puede ser verdad. Creeremos lo que nos den a creer con tal de que no dibujen un futuro,  da igual el que sea. Y entonces se declarará oficialmente cerrado el  socavón, pero nosotros seguiremos cantándole  las nanas del miedo a nuestros hijos, les pediremos que piensen en ellos y no en los demás, les diremos que el mundo es un desierto inhóspito y cruel, que agache la cabeza, que no se crea nada, que todos son así. Y nuestros hijos transmitirán ese sentimiento de vulnerabilidad a sus hijos.

Ese es el plan y todos, como decía en el post anterior, podemos formar parte de él, consciente o inconscientemente. Por acción o por omisión. Es mucho más corto el camino desde el desaliento al sofá que desde el desencanto y la frustración a la calle. Cada vez que transmitimos que todo está perdido no sólo nos bebemos nosotros un  buchito  de indefensión, también repartimos otros traguitos para las generaciones venideras.

Nos cazan con red, pero cuando estamos en la red, apiñados e incómodos, a veces nos da por hablar, y dependiendo de las conversaciones, la red puede volverse invisible o convertirse en un objetivo común de liberación. Por cierto, ¿qué tal el partido de anoche?


viernes, 18 de abril de 2014

Agentes infiltrados



El mayor éxito de la propaganda alemana nazi no estuvo en el  despliegue de medios que realizó para hacer llegar su discurso a la población, sino en cómo logró que sus mensajes se repitieran de boca en boca en los tajos, entre el pueblo.

Manipular es relativamente fácil. Nuestro cerebro está más preparado para creerse lo negativo, lo que llama la atención, que lo vulgar  y corriente. Cuando se socializa un mensaje pasa a ser verdad por el simple hecho de estar extendido. Si usted mezcla una evidencia incuestionable con una mentira, ésta se tiñe de cierto halo de verosimilitud. Es un mecanismo de asociación conocido en psicología desde hace muchísimo tiempo. No sólo con conceptos o ideas, también podría, por ejemplo, cargar de connotaciones negativas una determinada palabra y utilizarla luego asociada a cualquier otro elemento neutro. Por ejemplo, qué le viene a usted a la cabeza cuando escucha la palabra "régimen". No me extraña que piense en algún país latinoamericano, aunque sea una democracia. Prueba a introducir en Google el nombre de un país seguido de la palabra "régimen" y verá el efecto. Pocos lectores u oyentes se tomarán el esfuerzo adicional que supone buscar información alternativa para formarse una opinión más contrastada.

El uso del lenguaje es pues esencial, pero la difusión del mismo es desigual. Para que gane crédito y se convierta en hegemónico, el discurso necesita de agentes, agentes infiltrados, de nosotros mismos, para más señas.

Aunque  la globalización ha traído la posibilidad de socializar discursos alternativos,  sin embargo, en buena medida, en los aspectos esenciales, nos hemos convertidos en difusores de las ideas que el mismo sistema intenta introducir en el imaginario colectivo. Como en aquella Alemania, nosotros también difundimos acríticamente  los mensajes, algunos aparentemente inocentes, otros movidos por un clima de indignación que nos hace aporrear en el lugar equivocado. Hay que tener en cuenta, como antes, que en nuestra voz cobra un sentido mayor porque no se nos presupone ninguna intención oculta.

Voy a poner algunos ejemplos simples al respecto:

1. El "ombliguismo". Llamo así a esta tendencia creciente de la autoexploración como mecanismo para encontrar la  felicidad.  El planteamiento básico es: Si usted no es más feliz es porque hay algo dentro de usted que no va bien, en cuanto lo descubra disfrutará de una vida plena y los males se relativizarán y la happy hour será eterna. ¿Cuánto hay que pagar?

Si usted tuviera un afán investigador podría comprobar cuantos mensajes de Facebook van en esta dirección, a cuantos de ellos les ha dado al "Me gusta", y cuantos ha compartido. Aunque si es un fan del club de la psicología positiva y el buenrollismo y el mirapadentrodeti o similares, puede incluso que los busque para difundirlos. Le pondré un ejemplo simple:

"La felicidad está dentro de uno, no al lado de alguien", Lennon.

Quién le pondría una pega a esta frase. Depender emocionalmente de los demás puede ser insano, -cierto-, pero la felicidad no está dentro de uno, aislado de los demás.

Si usted escribe en Google "pensamiento" la palabra siguiente no será "crítico", sino "positivo".

2. "Todos son iguales". Este discurso es una simplificación tan absurda que cuesta trabajo, desde un punto de vista racional, pensar que se va a colar sin filtro en tantas cabezas.

Mientras que a las personas que luchan diariamente, pensar de esta manera no va a menoscabar su esfuerzo por la justicia, a la mayor parte de la población, participar de este mensaje acarreará un desprecio por la política, no un mayor grado de implicación. Del "todos son iguales", no se concluye, "así que me voy a organizar para que haymos al menos algunos honrandos", sino, "¡Que les den!".

No, no todos son iguales. Conozco a muchas personas que trabajan sin sueldo por mejorar las cosas, que hacen política diariamente en sus centros de trabajo y en la calle, que militan porque han elegido organizarse en lugar de protestar aisladamente y que posiblemente ganen pocas batallas a lo largo de su vida. Aunque sólo fuera por ellas ya no utilizaría ese discurso interesado. Luego están otros, claro, esos que cuando están dentro nos la juegan y cuando están fuera copian el mensaje de indignación. Recuerdo, por ejemplo, que en una de las últimas huelgas generales iba cerca de un antiguo y conocido dirigente de una de estas fuerzas cambiantes. Cuando pasábamos por "El Corte Inglés", el buen señor se dio cuenta de que estaba abierta y se fue hacia allí. Yo al principio pensé que la iba a liar parda o así, pero no, se limitó a entrar a  comprar algo. Al rato lo vi salir por la otra puerta e incorporarse a la manifestación con su bolsa en la mano, tan pancho. Seguramente por la falta de costumbre.

3. No hay nada que hacer.

Bertold Brech añadía a la frase de los sofistas: "Sólo sé que no sé nada", que se les había olvidado indicar que es que "no habrían estudiado nada". Seguramente si usted asume que no se puede hacer nada es porque es infinitamente más cómodo de asumir que lo contrario, porque como decía Wilde: "Lo malo del socialismo es que te quita muchas tardes libres". Igual sigue pensando que esto se arregla votando a otros o no votando, pero me temo que no.

Aquí nuestra labor de agentes infiltrados es esencial, pero esta es posiblemente la que nos cueste menos trabajo de todas, porque lo contrario nos produciría una desazón profunda, un conflicto entre lo que decimos y lo que hacemos. Estamos deseando que el sempiterno cuento de los brotes verdes cuele al fin.

Hay mucho por hacer. Puede ver algunos de los videos de Annie Leonard para darse cuenta, si es que le parece bien dejar un mundo mejor que el que se encontró,  (https://www.youtube.com/watch?v=mUMESPBJlQo), pero al menos, la próxima vez que le toque hablar, o reproducir, o comentar o compartir, piénselo y si lo hace, añada una nota crítica, que al menos la distribución haga pensar.






domingo, 9 de febrero de 2014

Ciclogénesis y felicidad

Hace mucho que no escribo sobre la felicidad, hoy, con esta explosiva tarde ciclogenética tan desapacible parecía más tentador dejarse arrastrar por la melancolía, pero he decidido romper esa tendencia y volver a sobre el tema, a pesar de lo sobreexplotado que la tengo en el blog.


Le explicaré, ya que estamos aquí entre amigos, con una taza de café  y el televisor apagado, en torno a una mesa camilla rezando para que los árboles permanezcan asentados en sus raíces,  cómo conseguir, por fin, el Santo Grial del Capitalismo: la felicidad.

La buena noticia es que los neurotransmisores que necesita son son gratis, la mala es que se gastan pronto. 

Observé cuando era un crío que si venía a casa mi tía A, la cosa  iba igual de bien que cuando acudía mi tía B, pero si por una falta de coordinación  coincidían ambas, entonces la suma de las partes se convertía en un desastre de puzzle con final de opereta del que sólo podía sustraerme esnifando el detergente que se le quedaba pegado a los soldaditos de los botes de Colón.

Una vez que has pasado varias veces por el trance de la concatenación de tías, a la amígdala le cuesta poquísimo convertirlas en recurrentes fantasmas del castillo.

¿Y qué puede usted hacer para frenar a la dichosa amígdala? Introducirse de lleno en tareas mentales, aceptar la irritante presencia familiar de fondo y dedicar el esfuerzo consciente a lo otro, a las tareas importantes, como crear un fuerte protegido por  vaqueros apuntando al infinito.

Una cuestión más. Aparte de conseguir administrarse una dosis de sustancias acabadas en ina y evitar que la amígdala inunde el sótano,  hará falta algo un poco más difícil: darle a su vida, a sus días, un significado, acorde a sus valores,  una coherencia que le permita circular por sus días como si supiera a dónde va. 






viernes, 31 de enero de 2014

Crecimiento Colectivo

Esta es la primera tarea de un taller sobre Crecimiento Colectivo. Pasa por algo tan simple como es reconocer el papel de los demás en nuestras vidas. Estas son algunas de las que he tenido la suerte de encontrar. A varias no puedo ya darles las gracias, me di cuenta tarde; a otras aún estoy a tiempo.

Mis padres

Mis padres se empeñaron en una tarea simple conmigo: permitirme soñar. Consiguieron que aprendiera a soñar, no para evadirme, sino para crecer. A la vuelta de mis fantasías siempre  me esperaba una taza de caldito calentito para la tos.

Me enseñaron a no tirar papeles al suelo y a decir: "buenos días" y "buenas tardes", a jugar a la brisca y a dejarme abrazar. 

La puerta de mi casa siempre estaba abierta. Bastaba con empujarla para entrar y sentarse a conversar o a compartir. Mi padre era albañil, primero fue campesino de los que trabajaban de sol a sol. Aprendió a leer en la arena de una playa africana y ya en Huelva, en su primer sueldo de peón compró una cartilla con la que cada noche me enseñó a amar el olor de las hojas de los libros y a encontrar la verdadera ventana del mundo.

 Mi madre era sastra y me hacía la ropa. También ponía inyecciones y leía las cartas de amor y de despedida a los que no sabían leer. Vi nalgas y seminalgas de todos los colores y manos temblorosas escuchando la declaración del soldado que prometía volver y la del emigrante que relataba su inquebrantable amor en medio de los eternos inviernos alemanes. Nunca supe cuánto escribían de verdad y cuánto ponía mi madre en el empeño.


María 

Es fácil vivir con María. No conozco a nadie que no la quiera. Yo tuve la suerte de que, además de sumarme a la legión de seguidores, ella decidiera compartir su vida conmigo.
Me ayuda a ser más paciente -aunque bien que le está costando-, más humilde, más prudente, mejor persona. Tiene un don especial para transformar lo cotidiano en hermoso.


Helena, Ana

Mis hijas son las responsables de mi cara de tonto feliz. Es difícil que pueda darles tanto como ellas me dan a mí. Nos facilitan la vida a nosotros y a todas las personas que están a su alrededor. Les cuesta muy poco diluir al gruñón que llevo dentro. También ellas son felices y hacemos nuestras sus ilusiones. Permitirles soñar es volver a soñar.

María Antonia

Hija única, como yo, un día, no sé cuándo, nos adoptamos mutuamente y desde entonces somos hermanos. Puede escribir mi biografía completa. María Antonia me enseñó a despejar la lírica de la prosa, a disfrutar el momento, a no temer el riesgo, a amar la psicología y el sentido común, pero también a estar dispuesto a perderlo si es preciso.

Mon

Mon es otra hermana de adopción. Igual que la casa en la que me crié, la suya está siempre abierta y llena de vida. Allí vamos a reír, a hablar, a llorar y a emborracharnos, no necesariamente en ese orden. Mon es bondadosa, charlatana, honesta, paciente, cuidadora,.. no tiene doblez, te deja verla como es y así, con ese básico principio pedagógico, te enseña a arriesgarte a ser tú mismo.

Luis

Luis es la otra parte de Mon. Seguramente la mejor persona que conozco. Cuando estás con él y cuando lo recuerdas, te das cuenta de lo sencillo que es ser bueno. Entonces, yo,  siempre, lo utilizo como una referencia cada vez dudo sobre el camino a elegir. A él le sale espontáneamente.

Ángeles

Si necesitara contarle algo a alguien mientras me dejo abrazar, esa persona sería sin duda, Ángeles. Querer y dejarse querer, esa ha sido la lección esencial que he ido aprendiendo con Ángeles.

María José

María José me acogió en un momento extraño en mi vida. No nos separamos ni un momento, hasta el punto de integrarme en su familia y convertir a su madre en mi madre y amiga y a sus hermanos en mis colegas y confidentes. El mejor cumpleaños que viví tuvo lugar en su casa, con toda su familia incluida la perra Nuca, que ese día, al menos, también decidió darme un voto de confianza. Ella me ha hecho las preguntas más difíciles, esas cuya respuestas me han ayudado a conocerme y a conocer el resultado de mis actos.

Antonio

Trabajé con Antonio un par de años, una mesa al lado de la otra.  No recuerdo haberme aburrido en ningún momento con él. Ambos somos ajedrecistas y ese universo, per se, es suficiente para compartir, divertirte y sufrir, pero la palabra que define mi relación con él es "fluidez". No importa que llevemos años sin vernos, necesitamos apenas un saludo para embarcarnos en todos los temas universales. Me gusta esa sensación de saber que está ahí  y que nos volveremos a encontrar, pero lo cierto es que lo echo mucho de menos frecuentemente.

Balbuena

Lo único que me faltó el tiempo que compartí con María José fue anotar cada noche lo que había aprendido. Aprendizajes vitales. La esencia. Seguramente mi trabajo lo desempeñaría de una manera muy diferente sin la experiencia que tuve a su lado.

Manolo

Hay que hacer poco esfuerzo para querer a Manolo. Nos conocimos en un curso de varios meses  en el que pude comprobar la facilidad con que Manolo transmite buen ambiente. Consigue que la gente que está a su alrededor se sienta mejor, confíe, se divierta y hable. Tiene un don especial para hacer que te sientas escuchado. Además,  es buena persona, comprometida y radicalmente  honesta. Auténtico, sin nada detrás.

Tere

No conozco a nadie tan emprendedor como Tere. Es de esas personas creativas, divertidas, inteligentes, solidarias, luchadoras, amiga de sus amigos, honradas, que todo el mundo estaría dispuesto a incorporar a su nómina de amigos, y tener a personas con esos valores cerca -se lo dije hace poco- es esencial para mantenerte por el camino adecuado.

Mónica, Eugenio, Sergio, Alberto, Charo

Todas estas personas han coincidido con Manolo en el mismo barrio, gracias a él he ido conociéndolos y gracias a ellos he ido conociendo más a Manolo. Cuando llevas un rato hablando con cualquiera de ellos entiendes qué es el sentimiento de clase, cuán fácil es posicionarse y tomar partido. Son ese ejemplo que permite convivir y sentir que estás rodeado de buenas personas, de los que no van a traicionarte nunca, de los que te van a aportar continuamente. Veo a Sergio blandiendo su flequillo y su filosofía vital y me veo a mí mismo y me alegra y me reconforta ese reencuentro.

Esperanza

A veces, de pronto, tienes la gran suerte de encontrar a alguien con quien a los pocos minutos eres capaz de hablar por los codos de veinte cosas diferentes al mismo tiempo y sentir que las llevas todas para adelante. Es brillante, profunda y estimulante. Tiene el don de facilitar la vida a los que están a su alrededor. Sabes, entonces, que esa persona te va a ayudar a crecer, que te va a aportar, que te va a decir lo que necesitas que te diga... y que todo el tiempo será escaso para ello.

PAH

He conocido muchos colectivos que lucharan por causas justas, pero sin duda, los de la PAH son un ejemplo esencial. Si tuviera que realizar una fotografía de lo que más se parece al Crecimiento Colectivo, seguro que me saldría la de este grupo de personas. Ellos y ellas enseñan el valor de la solidaridad y de la lucha, el poder del nosotros y de compartir. Los elijo como referente para no bajar la guardia, para saber que es posible, para no ensimismarme con cuitas intrascendentes, para entender de lo que hablaba Brecht cuando se refería a "los imprescindibles".

Grupo Psicología y Crisis

Un grupo de colegas decidimos hace un tiempo crear un grupo para canalizar nuestros esfuerzos individuales, darle un sentido más social y comprometido a nuestra profesión, tal y como debería esperarse de quienes hemos convertido a las personas en el centro de nuestro quehacer. Seguro que podremos ayudarnos a crecer mutuamente, a comprobar la verdadera esencia de la psicología, a ser  mejores compañeros y mejores personas. No se me ocurre mejor labor.



jueves, 28 de noviembre de 2013

Esa dolorosa y persistente compañía


El peso del pasado es un tema recurrente en las consultas. Situaciones que no se resolvieron adecuadamente, actos que provocaron sentimientos de culpa, pérdidas inesperadas, rupturas conflictivas, abusos, comportamientos inexplicables a la luz del presente,..

Habitualmente, son recuerdos que de alguna manera nos  quedaron marcados provocando algún cambio significativo en nuestras vidas, pero que han podido diluirse en el transcurso del tiempo sin inducir aquel caudal de emociones que en su día provocaron. Cuando no es así, cuando siguen teniendo un peso significativo en nuestra vida diaria,  tenemos que abordarlos desde otra perspectiva, procede entonces trabajar hacia una adecuada reelaboración de esas experiencias. El caso más dramático lo observamos en aquellas personas que sufren "estrés postraumático", un trastorno en el que la persona  revive con todo lujo de detalles, involuntariamente, episodios terribles que sufrió en un momento de su vida,sintiéndose atrapada por esos pensamientos e imágenes invasivas, vívidas y angustiosas.

Pero quiero referirme hoy a otro tipo de recuerdos, importantes para cada uno de nosotros, pero que no llegan a las consultas, que nos las contamos los amigos en los bares con una cerveza de por medio, o en una conversación que ha ido derivando hacia la nostalgia. Pondré dos ejemplos personales, ambos mal resueltos en su día y que tuvieron cierto peso en mi vida posterior.


Un día, hace ya muchos años, recibí una llamada de teléfono de la que tan sólo recuerdo la siguiente pregunta:

- ¿Eres feliz?

He olvidado el resto de la conversación. Incluso el detalle de lo que le dije . Sí recuerdo, en cambio, que me embarqué en la composición de un discurso que justificara una respuesta afirmativa.

Pasé mucho tiempo utilizando aquella frase como una herramienta de autoexploración. ¿Era feliz? ¿cómo podría saberlo realmente? Sólo con el paso de los meses, un día, sin saber bien por qué, enfoqué la llamada desde otra perspectiva. Entonces me di cuenta de que más que una pregunta, aquello había sido una respuesta. En ese instante se apoderó de mí  un terrible ataque de melancolía por la conversación que nunca tuve, por las incógnitas que se quedaron travestidas por aquel inútil monólogo.


Más lejos aún, en mi adolescencia, una tarde de verano, cumpliendo el encargo de avisar para la fiesta del viernes, -las fiestas de las eternas promesas-, llamé al timbre de la casa de una amiga. Me abrió sonriente, escuchó mi mensaje y acto seguido me lanzó una pregunta-oferta.

- ¿Quieres pasar?

Miré detrás de ella y adiviné que estaba sola y durante unos instantes entre terribles y maravillosos, en mi estómago se concentraron todas las certezas y todos los temores. ¿Se trataba de mí o de la casualidad de ser el que llamó a la puerta en aquel instante? Y entonces,  inexplicablemente, - al menos, inexplicablemente desde esta distancia-  contesté:

- No.

Ella se quedó inmóvil, como si esperara que aquello fuera sólo un farol pasajero. Pero yo, traicionando  todos mis sueños infantiles, me di media vuelta y me marché. Esa misma noche me emborraché con todo el blues que fui capaz de beber y que mis amigos fueron capaces de soportar, mientras me prometía que nunca, nunca más, volvería a decir "No" a nada, ni a nadie.

Las puertas que no crucé, las conversaciones que no tuve, las miradas que nunca se aclararon, los otros caminos que quedaron relegados por elecciones de sus opuestos,.. aquellos que durante mucho tiempo fueron una dolorosa y persistente compañía, hoy aún se asoman y se entremeten sin permiso en mis ensoñaciones. Ya no acudo al blues para olvidar,  ahora las canciones tristes le sirven de fondo y yo los acojo gustoso y construyo para ellos otra historia y un final, el final adecuado, naturalmente.


miércoles, 20 de noviembre de 2013

El crecimiento personal del pez koi


Mientras miraba los pececitos que hacían cola inútilmente en el estanque del Alcázar esperando la ración de migas habitual, una amiga se me acercó para aclararme que se trataba de carpas, más concretamente, de carpas japonesas, conocidas como koi.  Según me contó,  este pez se adapta al contexto en el que se le ubica, pudiendo cambiar considerablemente su tamaño en función de si la castigamos con  una vida contemplativa en la pecera del salón o de si no queremos fastidiar nuestro karma y la soltamos en el lago Titicaca. Su longitud puede variar, pues, desde varios centímetros en el cuenquecito de cristal,  hasta cerca de un metro contoneándose por las aguas peru-bolivianas.

No por novedoso, me resultó menos interesante este hallazgo metafórico: el contexto determina en gran medida nuestro crecimiento personal.

Mi amiga tuvo a bien enviarme por correo la referencia del libro  "Aplícate el cuento",  de Jaume Soler y M. Mercé Conangla, en el que hacen referencia a  la parábola del  "Entorno Óptimo": el tamaño del pez se relaciona directamente con el tamaño del recipiente en el que va a crecer. Por analogía, igualmente las personas necesitamos un espacio para crecer. Ya luego añaden que ese crecimiento depende no sólo  del espacio real, sino también de las oportunidades mentales, emocionales, espirituales,.. que decidamos darnos.

Aquel día contuve las ganas de darle un abrazo de agradecimiento a mi amiga y las de irme a un rincón a meditar sobre el asunto, pero esa noche me puse a pensar en la curiosa capacidad de los koi. Me acordé de  Zelig, el personaje de una película del mismo título de Woody Allen.


Zelig es un sujeto conocido en sociedad por sus capacidades camaleónicas. Como la carpa japonesa, se adapta perfectamente al contexto en el que se mueve, pudiendo mutar en rabino, con su kipá, su talit y sus barbas y largos mechones de pelo adornándole la cara, o bien en negro tocando en una banda de jazz de negros. Sin embargo, a diferencia de Zelig, los koi no se transforman para ser aceptados, pueden convivir con otras especies sin problema -salvo que sean más pequeñas, que entonces se las comen directamente-, ellos simplemente aprovechan las circunstancias para desarrollarse, para crecer.

Posiblemente, Zelig no sea un posmoderno, es más, seguro que se aleja bastante  del contexto actual; no creo que el miedo al rechazo sea ahora el eje de nuestro comportamiento, aunque pueda seguir presente entre muchos de nosotros. El  presente  se ve mejor reflejado en estos ciprínidos sociales, en ese afán por el crecimiento personal que tanto bien les está haciendo a los autores de libros de autoayuda, a los coach, a los monitores de reiki y similares. Es un mercado derivado de ese otro mercado, el de la insatisfacción permanente, tan necesario para que sigamos siendo consumidores compulsivos y que consigue que asimilemos que el bienestar tiene que estar en algo que aún no poseemos o en eliminar todo atisbo de malestar.

Hace poco le pedí a un paciente con un amplio currículo en la búsqueda del crecimiento personal, que escribiera para la próxima cita qué creía que le faltaba para completar ese "crecimiento": nada de lo que trajo tenía que ver con lo que estaba haciendo.

Es como si el proyecto de vida pudiera resumirse en la palabra: "Yo", y claro, esa una tarea propia de Sísifo, interminable y frustrante.

Habríamos avanzado poco como sociedad si todos hubiéramos elegido el onanismo como estrategia de superación. El crecimiento personal, como meta absoluta, nos deja bastante indefensos como grupo. Las personas que nos movemos en entornos sociales de compromiso vemos con claridad que es ahí, en ese compartir, en el que verdaderamente se produce el enriquecimiento mutuo, el que nos permite encontrar trascendencia a nuestras vidas. Es cuando encontramos al "otro", cuando verdaderamente acabamos hallándonos a nosotros mismos.

La próxima vez intente apuntarse a un taller de crecimiento colectivo, son gratuitos  y están disponibles en todos los barrios y ciudades. Luego me cuenta la experiencia.






viernes, 20 de septiembre de 2013

Psicólogos, amigos y vecinos


- Estoy harta de hablar de este problema con todo el mundo y no me ha servido de nada. Mi marido me  ha dicho que venga al psicólogo, pero yo ya sé que esto no se me va a quitar hablando.

¿Cuál es la diferencia entre acudir a un o una terapeuta, y no a los amigos o vecinos? La realidad es que la mayor parte de las veces, el consuelo y apoyo ayudan a superar o sobrellevar las dificultades cotidianas, ¿por qué pagar por ello, entonces?

Yo utilizo de vez en cuando con los padres una técnica que se llama "la técnica del vecino", que consiste, básicamente, en hacer lo que se supone que haría su vecino. Su vecino sabe lo que tiene que hacer, la diferencia fundamental estriba en que su él/ella tiene menos implicaciones emocionales que pueden llevarnos a actuar de forma inadecuada. Algo similar ocurre con los amigos, aunque dependiendo del grado de amistad, estos tenderán a implicarse emocionalmente también.

Imagine que una amiga le cuenta un problema con su pareja, las cosas han ido cambiando con el paso del tiempo, y ahora la relación le produce  una honda insatisfacción. Le da detalles de episodios, discusiones, reproches, de los escasos contactos íntimos que tienen ya, etc. Usted lleva un rato escuchándolo y como tiene una buena cantidad de neuronas espejo, empatiza, se apena por cómo lo ve y por el deterioro de la relación que observa. Al mismo tiempo que escucha va pensando lo que se supone que tiene que decirle. Es cierto que no le ha pedido que le diga nada, así que igual lo que tiene que hacer es consolarla sin darle consejos, pero también lo ve perdida  y quizás lo que espera es que le de una respuesta diferente a lo que ella mismo se dice o quizás, al contrario, que le diga algo en la misma línea de sus planteamientos. 



Podría elegir, por ejemplo, tomar partido y sumarse a las descripciones peyorativas del comportamiento de su pareja, abundando en detalles hasta entonces no compartidos, que demuestren que en realidad no le conviene. O quizá decirle que es mejor que intente solucionarlo, que la vida está muy mal, que los niños,..

Si tuviera que describir cuál es la diferencia fundamental entre el afrontamiento que se  hace desde la psicología frente al que pueden realizar los amigos o el vecino de enfrente, diría que la clave está en el lugar en el que colocamos el foco. Más que introducirnos en la narrativa en sí misma, intentamos centrarnos en los procesos que subyacen a la historia que está detallando. Pondré otro ejemplo.

Una chica nos dice que ha pasado - y pasa- por un cuadro de tipo ansioso-depresivo, nos comenta que ya no confía en nadie, que todos sus amigos la han defraudado, que lo está pasando muy mal con la ansiedad y la tristeza y  ninguno la ha llamado siquiera, sabiendo cómo estaba. Luego pasa a describir pormenorizadamente todas las inquinas, mezquindades y dejaciones que a lo largo del tiempo ha ido sufriendo por parte de ellos. 

Lo que se supone que hará el psicólogo o la psicóloga será analizar y ayudar a analizar cómo los pensamientos, las emociones y las conductas que lleva a cabo la chica cuando cuenta -y se cuenta- esta historia están interfiriendo en el manejo de sus problemas. Podría preguntarle, por ejemplo, cómo será su vida social a partir de ese momento: ¿se quedará en casa sin salir o buscará nuevos grupos de referencia más afines? Es decir, ¿se orientará hacia la búsqueda de soluciones o se centrará en rumiar sus desgracias? ¿le ayudará a mejorar sus síntomas o los empeorará?

Posiblemente realice una entrevista algo más estructurada o le pase algunos tests para determinar si existen otros aspectos de su personalidad que estén coadyuvando a la duración de su malestar, y por último -simplificando mucho- determinarán unos objetivos consensuados que permitan establecer si las intervenciones propuestas están o no sirviendo para los fines previstos, a partir de lo cual, determinarán cómo se va a llevar a cabo esa intervención.

La idea será siempre, que, igual que a partir de un momento determinado de nuestras vidas aprendimos que para los dolores de cabeza existen unas pastillas, también aquí aprenderá a manejar una serie de recursos para hacer frente a situaciones similares y no sólo a la presente, y que, al igual que con las pastillas, aunque todas sirvan para calmar el dolor, unas técnicas le resultarán específicamente más útiles que otras.

miércoles, 19 de junio de 2013

Perfecto


Las personas con trastornos relacionados con el perfeccionismo rara vez acuden a consulta por este hecho, sino más bien por las consecuencias que se derivan del mismo, desde síntomas de ansiedad, hasta depresión, pasando por dificultades en sus relaciones personales más íntimas.

Suelen ser trabajadores  muy apreciados, son empleados fantásticos para las empresas: no dejan de ir al trabajo ni estando enfermos, echan más horas de las que les pagan, se llevan tareas a casa y se quedan hasta tarde completándolas,.. Lógicamente, para quien no es nada bueno todo esto es buenos es para ellos mismos y para su entorno familiar, al que suelen privar de todo ese tiempo que, claro, se lo lleva la ocupación.

Son muy exigentes, especialmente con ellos mismos. A veces, les propongo que anoten, que hagan una simple señal en una libretita, las veces que utilizan la expresión: "tengo que...", "debería...", o similares a lo largo del día y a la semana llegan  asombrados con el registro lleno de rayas. Pero en realidad, no deberían sorprenderse, puesto que, por ejemplo, les cuesta un mundo algo tan simple como seguir el ritmo al que camina su pareja durante un paseo, es como si siempre tuvieran prisa. "Vamos", esa es otra palabra familiar en la casa de los perfeccionistas. "¿Te falta mucho?".

¿Qué subyace a tanto esfuerzo en cada tarea? La idea de que todavía no es lo suficientemente perfecto el resultado, que todavía no se lo sabe completamente bien, que... Obviamente, ese planteamiento genera unas dudas terribles, una incertidumbre crónica, un temor creciente a enfrentarse a la toma de decisiones, así como una preocupación obsesiva por los detalles.

Suelen ser muy puntuales, lo malo es que la puntualidad en nuestra tierra es más bien una falta de educación, así que llegan cuando todavía la sala está vacía, los anfitriones sin vestir y el avión sin aterrizar.

Son personas resistentes a la idea de ir al psicólogo ya que  suelen presentar quejas más bien de tipo somático, cosa por otra parte lógica, teniendo en cuenta el nivel de activación fisiológica casi permanente al que someten a sus pobres cuerpos, y  piensan que sus problemas, más que psicológicos suelen físicos, con lo que se entregan al deporte con el mismo afán perfeccionista y obsesivo que al resto de actividades. ¿Por qué dar un paseo pudiendo hacer 20 km corriendo?

Tampoco es infrecuente que su vida sexual se esté resintiendo, aunque  habitualmente esquivan este aspecto, o simplemente lo achacan al estrés que están viviendo últimamente. Un exceso de estrés inhibe el deseo sexual, entre otras cosas, así que intento no dejar este tema de lado porque suele ser otra fuente de conflictos no siempre abordada adecuadamente en la pareja.

La sensación de que no se tiene tiempo para lo demás y de que casi todo es prioritario antes que el propio ocio o el de la familia, antes que el simple hecho de estar tumbado leyendo una novela bajo el sol o al abrigo de la sombre de un árbol. Bueno, una novela es mucho pedir, es más normal que sean habituales de los ensayos o de otro tipo de obras a las que encuentren cierta "utilidad".

Si usted se encuentra retratado en este perfil procure empezar a trabajar el cambio, el doloroso cambio que suponer volver a ver la vida en color y no en blanco y negro, de permitirse errar, tolerar las sorpresas, escuchar mirando o, simplemente, disfrutar de la brisa de una tarde de playa sin tener su cabeza en la tarea eternamente inacabada. Un esfuerzo que, le aseguro, merecerá con mucho la pena.

jueves, 6 de junio de 2013

Gotas de agua




“Las palabras por sí solas no cambian la realidad, por supuesto, pero convocan a las fuerzas que sí tienen ese poder de transformación.”
Soledad Gallego-Díaz




Una vez hubo un gran incendio en la selva. En cuanto se dieron cuenta, los animales comenzaron a huir despavoridos. En la hilera que se formó, de pronto un elefante observó extrañado que un pequeño colibrí pasaba una y otra vez por encima de sus cabezas. Iba a un lago cercano, cogía unas gotas de agua en su pico y emprendía el vuelo de regreso hasta situarse sobre el incendio. Una vez allí, soltaba las diminutas gotas y volvía a empezar su tarea.

El elefante llamó la atención del resto de los animales respecto al comportamiento del colibrí, entonces el león, preocupado, en cuanto lo vio aparecer de nuevo le gritó:

- ¡¡¡Colibrí, ¿estás loco?, ¿acaso crees que vas a poder apagar el fuego con esas gotas de agua ridículas?

El colibrí se quedó apenas unos segundos suspendido en el aire aleteando.

- No lo sé, la verdad, me limito a hacer mi parte.


Y luego continuó su vuelo con la misma decisión.


Tras una de las manifestaciones en las que solíamos encontrarnos,nos reunimos  los colegas que coincidíamos las mismas y  nos planteamos hacer algo más,  organizarnos y poner a disposición de la sociedad  los conocimientos que teníamos desde la psicología. Así nació un grupo al que denominamos "Psicología y Crisis". Como he comentado en otros posts, el grupo no  ha parado ni de crecer, ni de realizar acciones de distinta índole.

En la última charla convocamos a distintos movimientos sociales, organizaciones de base, asociaciones de vecinos, estudiantes, etc. Queríamos hablar sobre las distintas herramientas que se utilizan para construir y difundir un discurso que logra transmitirnos que no hay alternativa, que todo es irremediable, que nos hace dirigir nuestra ira hacia objetivos tangenciales e improductivos, cuando no a guerras fratricidas, logrando convertirnos  en sutiles agentes del propio sistema que difunden con vehemencia  esas mismas consignas sin darnos cuenta de la trascendencia última del mensaje.

Cuando ves y escuchas la misma idea una y otra vez, en distintos medios y a través de distintas voces, acabas interiorizándolas, pero hay un paso posterior aún más importante.

 El filólogo Víctor Klemperer, en su libro “La lengua del Tercer Reich”, comenta que fue a través de la repetición de las expresiones cotidianas como consiguió que la población interiorizara ese lenguaje.


"Más que la propaganda de los discursos, las octavillas y los carteles,  el instrumento que permitió al nazismo instilar su veneno en las masas fue  el lenguaje: palabras aisladas, expresiones y formas sintácticas repetidas hasta la saciedad y que, favorecidas por su simplicidad, acababan por penetrar en el inconsciente de los individuos, quienes las asimilaban y las reproducían mecánicamente”.

Frente a eso enfrentamos un discurso  apoyado en la razón y la justicia, cierto, que parecería que debiera, por sí mismo, para ser suficiente, pero que a la postre no logra por sí mismo convocar lo mejor de nosotros mismos y ponerlo a disposición del bien común, no al menos con el número y la fuerza suficientes. No al menos, hasta ahora.

Conté una versión de un chiste de una de las intervenciones del autor de "Gomorra", Roberto Saviano en la RAI3 de la televisión italiana, recogido en el magnífico libro "Vente conmigo":

Dos campesinos van como polizones en un barco a América. Por la noche, a uno de ellos lo despierta el movimiento y sube a cubierta. Allí ve el enorme temporal que está cayendo, se acerca a un marinero y le pregunta por la situación. Éste le contesta que si la tormenta sigue así, en cuestión de media hora el barco se irá a pique. Asustado, corre de vuelta a la bodega y despierta a su compañero:

- Beppe, Beppe, despierta.

- ¿Qué pasa?
- ¡¡Hay una tormenta... un marinero me ha dicho que si sigue así, en media hora el barco se hunde!!

Beppe se da media vuelta despreocupado.


- Y a mí qué, ¿el barco es mío?


Seguramente tendremos que hacer un gran esfuerzo por vencer la indiferencia a la que nos aboca este sentimiento de impotencia,  superar el desconocimiento, acaso el temor,  por comprender que hay muchas formas de ser útil, de no centrar nuestro discurso en lo que nos diferencia, sino en lo que nos une, de avanzar hacia la unidad de acción tan necesaria,..


Mientras eso llega, nos toca aportar esas pequeñas gotas, tal vez improductivas, pero imprescindibles que no dependen tanto de que lleguen o no a conseguir su destino último, como de que sintamos que no estamos traicionando  nuestra obligación de luchar por intentarlo.