lunes, 10 de agosto de 2009

El principio activo (1)


Gobiernos de distintos países, entre ellos España, recomiendan desde hace tiempo a sus médicos que siempre que sea posible receten indicando el nombre del principio activo, en lugar del nombre comercial. Se intenta, con ello, disminuir el gasto público, puesto que existen medicamentos idénticos en cuanto a su composición, pero muy diferentes en cuanto a su precio.

También las técnicas utilizadas en psicoterapia tienen un principio activo. A veces, el principio activo lo trae ya incorporado el paciente:

- Me ha recomendado que venga fulanito. Dice que es usted el mejor tratando mi problema…

La persona desea fervientemente que ocurra algo y a poco que empujes en esa dirección, se produce el milagro. Es sorprendente lo que puede llegar a hacer el placebo, sobre todo si se cobra por él.

Luego está lo que podríamos denominar algo así como marketing de consultoría, o si es usted ericksoniano, podría valer hipnosis natural:

- ¡Esto que le estoy vendiendo (la técnica) es lo último que hemos descubierto sobre…! ¡Está dando unos resultados increíbles!…Hay que aplicarlo justo como le voy a decir… eso requiere un alto grado de implicación… no sé si usted…. (y así hasta que el paciente te dice: ‘¡¡Dígamelo ya, por favor, le compro lo que sea!!

A mí me interesa desde siempre saber por qué funciona tal o cuál técnica, qué correlatos fisiológicos, que sustrato neurológico, qué zona cerebral está implicada en el proceso,.. Cuanto más sé, de más formas puedo acceder a ello y en más envases puedo entregar el producto.

En algunas historias del Antiguo Testamento vemos a ciertas personajes hablando de tú a tú con Dios. Para poder conseguirlo utilizaban un par de trucos básicos (obviando a los posibles psicóticos que no necesitaban ni lo uno ni lo otro):
a. Creer firmemente en la existencia de Dios.
b. Ayunar durante el tiempo suficiente como para comenzar a tener alucinaciones.

O sea, si usted deja de alimentarse convenientemente es posible que antes de entrar en coma hable con su personaje favorito o que delire y confunda el tenedor con un pulpo. Quizá en esa situación, la glucosa no sea tan imprescindible para el cerebro como para otros órganos y músculos.
Piense en cómo distorsionan la realidad las chicas (y cada vez más chicos) anoréxicas. ¿Puede la estupenda reestructuración cognitiva hacer valer sus “metabolitos activos” cuando la persona que está al otro lado de la mesa no puede “razonar” adecuadamente?. No. Primero que se alimente y cuando veamos que el nivel de azuquita está en el nivel adecado podremos ponernos en contacto con el córtex de la chica.


En esta misma dirección, descubrimos que determinadas conductas (todas, en realidad) hacen que la distribución de recursos bio-químicos actúen de una u otra forma, en uno u otro lugar. Eso mismo puede aplicarse a los pensamientos.

Si tiene usted hijos podría hacer el simple ejercicio siguiente: Imagínese que alguno de ellos va a sufrir un accidente mortal. Cierre los ojos y concéntrese en esa posibilidad. Igual, el mero hecho de contemplar esa idea le hace sentirse mal. Cuando acuden a mi mente pensamientos de ese tipo, mi estómago empieza a bullir, el colon se retuerce sobre sí mismo y el pecho se contrae de forma poco amigable.

Nosotros tenemos a personas que hacen cosas similares, no como una prueba, sino como algo totalmente “real” para ellos, sintiéndose invadidos por dichos pensamientos durante todo el tiempo. Quieren saber cómo eliminarlos(cuando son conscientes de que se trata de eso), o bien cómo cambiar lo que sucede (cuando creen que la causa está en lo que ocurre fuera), o lo que sienten (cuando las sensaciones que experimentan se han convertido en un problema peor que los pensamientos que comenzaron originándolas).

Voy a contar varias historias breves para ilustrar este tema, pero para no hacer indigesta la entrada, lo dejaré para el siguiente post.

viernes, 7 de agosto de 2009

Autoconocimiento: la habitación interior


¡¡Viva el autoconocimiento!!. Perdón: ¡¡¡Viva la búsqueda del autoconocimiento!!!
Unos pueden ganarse la vida escribiendo sobre ello y otros recibiendo en las consultas a los “buscadores” fracasados.
Los otros días vi en una librería un libro cuyo subtítulo decía algo así: “El autoconocimiento como vocación”. ¡Qué tarea más divertida!. No se me ocurre nada mejor como meta vital.
“Yo, yo, yo, yo…. Y los demás”, era el título de una película italiana.

A los dieciocho estaba empeñado en montar una comuna.Después de un tiempo encontré a un amigo de un amigo que me remitió a un pueblo de la sierra en el que me presentaron a un hippy que vivía allí, en una casa con abalorios ibicencos, en el campo, sin agua y sin luz. Después de compartir té y otras yerbas, le pregunté por el motivo de su elección:

- ¿Te viniste para encontrarte a ti mismo?
- ¿Qué dices, tío?, me fui para sembrar tomates y luego comérmelos.

Medité sobre la respuesta y comprendí que el secreto de la felicidad estaba en tener una meta común para los comuneros, así que los siguientes dos años los pasé buscando compañeros para montar una granja de helicicultura (cría de caracoles). Ni en uno ni en otro empeño logré éxito alguno. Pero me lo pasé bien en el proceso.

Las redes sociales, el contacto físico, compartir,… son algunos de los elementos que han favorecido nuestra evolución como especie. No digo que no sea adecuado, incluso imprescindible, entender nuestro comportamiento para mejorar. La cuestión es quién se compra estos libros son personas ya lo suficientemente ensimismadas.

Mi amiga Lola empezó con libros de autoayuda y ahora se viste de rojo todos los martes por no sé que cosa de estar en equilibrio planetario.

Muchos de mis pacientes me pregunta por qué me comporto así (de mal)con los demás (o consigo mismos). Antes de llegar ya intentaron responderse remediarlo y como resultado final acabaron en la consulta.
Tengo un espejo doble en el cajón, de esos que se utilizan en los cuartos de baño y que por un lado aumentan la imagen del que se mira. Nadie ha superado la prueba del espejito mágico durante el minuto que se lo entrego para que analice su cara con detalle, que no termine dejándolo encima de la mesa horrorizados, cuando llevan no más de veinte segundos.

Al último paciente que me hizo la pregunta de marras le propuse un intercambio:

- Yo me comprometo a analizar por qué usted le contesta en ese tono a su esposa, le grita a sus hijos, trabaja hasta las diez y no disfruta viendo el futbol,.. a cambio de que usted me traiga una respuesta de por qué los coches no tienen el techo lleno de placas solares.

No sé si alguno de los dos hallará una respuesta, pero en ello estamos.

martes, 4 de agosto de 2009

El lado bueno para besar




Vistos desde fuera los problemas de los demás nos parecen todos solucionables, bien por la vía de la acción (“… descuelgas la puerta, le pones una arandela a la bisagra y la vuelves a colgar. Así ya no te volverá a rozar el suelo”), bien por comparación (“… cuando me dejó Pedro, eso sí que es pasarlo mal...”), también por desviación (“…por cierto, ¿te has enterado de lo de Juana?”) o si es preciso, por la complaciente palmadita en la espalda o cualquier otra señal de tipo paliativo (“… tranquilo,.. verás como dentro de un tiempo encuentras a otra persona y luego…”).

Cuando el repertorio de ayudas externas ha fracasado, a veces, en lugar de dejar que el tiempo se encargue del problema, las personas acuden a los psicólogos.


Para aquella pareja el psicólogo era el último paso previo a la separación: ni amigos, ni familiares, ni hijos, ni la vecina del tarot habían dado resultado. Detrás de mí, los abogados.
Título de la película: La guerra de los Rose.
El panorama era desalentador, aunque puestos a fracasar siempre consuela saber que no vas a estar solo en la nómina.

Los psicólogos además de a la historia, solemos prestar atención a los procesos, a la forma en que se enfrentan a los problemas que relatan y a cómo lo han ido haciendo todo este tiempo para llegar a estar sentados aquí delante con cara de estonohayquienloarregle. Es la suerte que tenemos. Los demás tienden a enredarse en las propias historias que ambos les van contando, historias sin solución ya. Matizan los argumentos de unos y otros, los desdramatizan, acuden a las obligaciones contraídas con los hijos cuando se acaban los argumentos,.. Ese tipo de cosas.

A veces, sencillamente, no hay nada que salvar. Es mejor recomenzar y tu tarea es simplemente lograr que al menos se centren en cómo terminar de la mejor manera posible.

Al cabo de los cinco minutos, aquella pareja estaba enzarzada en discusiones y reproches interminables.

- Un segundo, por favor, -les pedí para detener la sangría mutua- me gustaría recabar algunos datos más si no les importa. - Estimé que quien calla otorga, así que.. -¿Duermen en camas separadas o de matrimonio?
- De matrimonio – respondió ella.
- ¿Y en qué lado de la cama duerme usted, señora?
- En la derecha, bueno a su derecha, quiero decir.
- ¿Y usted es diestro o zurdo, señor?
- Diestro –contestó.
- …

A estas alturas, como es natural, ambos habían dejado de discutir y se limitaban a “rellenar” aquel extraño cuestionario como un trámite más.

- ¿Desde siempre han dormido así?
- Pues sí, desde el principio. Incluso cuando salíamos y dormíamos fuera, ¿verdad? –se atrevió a preguntar a su esposa en un tono desconocido por mí hasta entonces y olvidado por ella, imaginé, desde hacía mucho.
- Sí, ya ni siquiera preguntábamos. Cada uno cogía su lado – afirmó ella, en el mismo tono neutro.
- ¿Y en el cine también se sentaban así?

Todo seguía ese patrón: el cine , las conferencias, el sofá de los amigos, el sofá de su casa, la mesa del salón, el paseo por las calles,...

- Bien, para terminar una última pregunta. La nariz nos obliga a tomar partido por uno u otro lado a la hora de besar, ¿hacia dónde se inclinan ustedes para besarse?

Ambos giraron la cabeza en una dirección, pero hicieron un amago de acercamiento para asegurarse.

- Inclinamos la cabeza hacia la derecha- respondió ella, mientras su marido hacía un gesto afirmativo.
- ¡Vaya! – exclamé.
- ¿Ocurre algo? – preguntó él al ver mi reacción.
- Bueno, he observado que se han sentado exactamente así en la consulta y que mientras discutían se inclinaban en la misma dirección que cuando se besan. Hace falta mucho tiempo para poder llegar a ese grado de coordinación. Pero, por otra parte, va a ser difícil que comprueben si tienen alguna posibilidad como pareja sin antes probar si son capaces de adaptarse a los cambios. Yo soy partidario de que previamente a discutir sobre aspectos de la comunicación o de las relaciones diarias se modifique algo mucho más simple, yo lo llamo: el lado bueno para besar, pero en realidad comprende un poco de todo lo anterior. Sé que lo que les voy a pedir les va a resultar un poco raro, incluso difícil, no sé si podrán llevarlo a cabo después de tanto tiempo,…
- Bueno, para eso estamos aquí –dijo ella, cortando mi reflexión, para que fuera al grano de una vez.

De pronto, sin saber muy bien de qué iba la cosa, ambos se mostraban de acuerdo en centrarse en las posibles soluciones. A veces, con los Rose es difícil modificar los patrones tan disfuncionales que traen, se necesita que al menos algo les suene diferente a todo aquello de lo que se han estado defendiendo y que les ha servido, sobre todo para reafirmarse en su malestar. Tenemos entonces que romper ese círculo vicioso para poder empezar a cambiar algo.

He contado esta historia porque estos días me he vuelto a encontrar a aquella pareja a la que estuve viendo hace años y he repasado la carpeta con su historia.
Después de saludarnos ella me ha dicho sonriendo:

- Ahora sí que hemos descubierto el lado bueno para besar