
Los pensamientos fluyen en nuestra cabeza. Entran y salen por una puerta giratoria. Se asoman al hall del hotel y casi nunca consiguen atraer la atención del recepcionista. La CPU que corona nuestros hombros es potente, pero no tanto como para dejar un hueco a cada uno de esos anónimos solicitantes de hospedaje. Si quieren quedarse han de venir de la mano de alguna emoción, ellos, por sí solos, no son más que pensamientos vulgares.
Si alguien llega a una oficina de la administración pública gritando, tenga a buen seguro que el resto de usuarios desaparecerán del escenario de la atención. Imagine que usted es un empleado de esa oficina que cumple diligentemente con su tarea, pero escucha gritar a una persona, ahí, en medio de la cola:
- ¡¡Cómo no me atiendan YA, me cargo a todo el que coja!!.
Usted me llama al móvil y me dice:
-Quiero que desaparezca ese señor, no puedo concentrarme en otra cosa, porque… ¿y si le da por matarme a mí?.
Es lógico asustarse.
Cuando a su hotel sin reserva de derecho de admisión llegan pensamientos de este tipo, tan vehementes y amenazantes, probablemente no pueda apartar su vista de él. Le ofrecerá, primero por las buenas, una habitación alejada para que no de la lata, pero no, el muy… quiere la principal y que no paren de traerle cosas. Todo el servicio, que antes se ocupaba de tareas diversas, está ahora pendiente de sus peticiones. Le angustia tanto lo que siente que decide quedarse en su casita, tentado, una y otra vez, de pulsar el botón rojo de urgencias, y que aparezca Mr Megaserotoninen, por ejemplo. Cuanto más intenta controlar al intruso, más se acercan sus temblorosos dedos al botón rojo.
Va por la calle y ve un Ford fiesta rojo pasión. En su mente aparece: “Ford fiesta rojo”, pero se diluye bajo el peso de, “caca de perro a estribor”. Sin embargo, cuando su pareja, la del Ford fiesta rojo pasión, le dijo: “Ahí te quedas, guapo”, todos los coches se han vuelto rojos, Ford o pasión, incluso las cacas de perro tienen cierto tono rojizo” La abstracción selectiva llega a ser agobiante y al final, entre la alternativa del botón rojo y la de la consulta de Walden, acaba en la segunda.


