viernes, 31 de octubre de 2008

Ventanas


José me trajo ayer un poema. Yo prometí cambiárselo por otro. Pensé en unos versos de Rimbaud, pero luego he madurado la idea y he caído en la cuenta de que serían más adecuados estos otros de Baudelaire:


"...Il n'est pas d'objet plus profond, plus mystérieux, plus fécond, plus ténébreux, plus éblouissant qu'une fenêtre éclairée d'une chandelle. Ce qu'on peut voir au soleil est toujours moins intéressant que ce qui se passe derrière une vitre. Dans ce trou noir ou lumineux vit la
vit, rêve la vie, souffre la vie.Par delà des vagues de toits, j'aperçois une femme mûre, ridée déjà, pauvre, toujours penchée sur quelque chose, et qui ne sort jamais..."

(...No hay objeto más profundo, más misterioso, más fecundo, más tenebroso, más deslumbrante, que una ventana iluminada por una candela. Lo que se puede ver a la luz del sol es siempre menos interesante que lo que pasa detrás de un cristal. En ese agujero oscuro o luminoso vive la vida, sufre la vida. Más allá de la oleada de tejados, entreveo a una mujer madura, ya con arrugas, pobre, siempre inclinada sobre algo, y que nunca sale a la calle...)


Baudelaire era un currante de la poesía, un trabajador urbano, que rompió definitivamente con la losa estética de Víctor Hugo. Su labor estaba destinada a la ruptura.


José es un trabajador infatigable. Pero su objetivo no es la ruptura, más bien al contrario, realiza una labor de mantenimiento. Cualquier cambio es susceptible de crearle un problema. De forma que lo analiza todo al detalle.

Hablo con él y me pasa como tantas veces, veo a esa otra persona encerrada dentro e imagino cuántos otros habrán intentado asir la mano profunda para rescatarla de ese ensimismamiento.


Cuando miramos a nuestro alrededor podemos ver posibilidades o peligros. Son unas gafas que nos compran nuestros padres de pequeñitos, en la feria del pueblo. Nos gustan tanto porque nos ayudan a ver el mundo con colores definidos. No importa que los colores sean totalmente diferentes a los reales. Con el paso del tiempo son tan nuestras que casi parece que es la única forma de mirar.


Sus razonamientos son aristotélicamente perfectos, como hemos visto otras veces. Si los demás son peligrosos, si el mundo es una jungla de depredadores, es mejor estar atentos. Si te hablan bien es en realidad una trampa que oculta la verdadera malvada intención. Tienes que aprender a defenderte.

José ha conseguido imitar aquello que cree que es el comportamiento ajeno. Puede criticar, indagar en la vida y obra del otro, puede estar al tanto de cuanto sucede a su alrededor y estar completamente centrado en sí al mismo tiempo. En ese agujero oscuro o luminoso vive la vida, sufre la vida.


Esa visión te da un tarjeta-oro de inseguridad, puedes disponer de todo el fondo que quieras. Tus días estarán medidos siempre por la falta de tiempo para hacer las cosas lo sufientemente perfectas como para no equivocarte. Pero nunca es suficiente. Para los demás quedan minucias. Me gustaría encontrármelo un día, en una terraza, sentado sin hacer nada, simplemente tomando el sol sin gafas, dejando pasar las horas.


Le he dicho a José que pruebe a cruzar el río. Pero él se siente cómodo en esta orilla. Como en aquel poema de Longfellow. Aún tiene reparos para aceptar la oferta y dejar los juguetes conocidos atrás.


"Abre la puerta niña, que el día va a comenzar", eso cantaba Triana aquellos años en los que nosotros no teníamos ventanas y nos tumbábamos desparramados para que la música nos bañara sin reparos. Por aquel entonces yo lucía melena -aunque mis hijas no se lo crean- porque me gustaba y porque era imprescindible para hacer los punteos con la guitarra simbólica en la pista de baile. "... para ver qué motivo es el que nos impide ver dentro de ti, dentro de mí..."



martes, 28 de octubre de 2008

Manual para montar en bicicleta


Antes de llegar a la mili me preparé a conciencia. Iba convencido de que era una pérdida de tiempo absoluta,mucho más hallándome en un proceso de enamoramiento febril. Era el momento más inoportuno. Pero lo acepté. Ya por aquel entonces era así de estoico. Durante un mes estuvimos repitiendo un movimiento que encajaba dentro de lo que yo creo que era todo aquello. Una y otra vez montábamos y desmontábamos el fusil. "Claro, qué otra cosa podrías hacer aquí, si no era dar zapatazos a ritmo de tambor, familiarizarte con tu arma y emborracharte con Torres 5".


Años más tarde, montado en bicicleta por el campo, acompañando al último amigo bucólico que he tenido, nos salió un perro ladrando desde detras de unos matorrales. En ese momento yo estaba ya tan cansado que me daba más veces con el pedal en la pantorrilla que haciendo el movimiento necesario para avanzar. Diez minutos más tarde me encontraba en el pueblo, pedaleando con tiempo de record sobre el adoquinado de Almonaster. El perro había abandonado un kilómetro atrás pero yo no me había enterado.

Cuando mi amigo me sirvió la segunda copa de aguardiente calmamiedos, por alguna razón puse en contacto estos dos episodios. Tanto en una como en otra situación una parte de mi cerebro estaba preparada para lo peor, para actuar aunque la parte cartesiana estuviera paralizada por el yu-yu.

Ya durante la carrera pude comprobar que hay un tipo de memoria ajena al estrés, relacionada básicamente con la repetición mecánica. La llamamos memoria procedimental o implícita. Mi madre acabó con Alzheimer y durante ese periodo estudié a fondo este tipo de memoria. Si yo le decía: "Sal por la puerta", ella me miraba y sonreía, pero no movía un dedo. Si le daba un pequeño empujoncito hacia la puerta cerrada, automáticamente dirigía la mano hacia el pomo, la abría y la cruzaba. Eso permanecía intacto. La memoría semántica estaba en proceso de descomposición, pero ésta daba gusto verla lucirse en medio del erial mnésico. Estaba todo el día haciendo pequeños experimentos de estos que me permitían no sólo estar al lado de ella, sino también estar haciendo algo con ella, buscando igualmente cómo utilizar ese rescoldo de alguna forma práctica.

Hace unos años empecé a darle a determinados pacientes una especie de manual, unos hojillas cuyo poco confuso título era "Manual para montar en bicicleta". Básicamente, si aprende a montar, a hacer lo adecuado a base del primitivo recurso de repetir una y otra vez, y que cada vez que pare -que se baje de la bicicleta- tenga la certeza absoluta de que ya domina con soltura el pedaleo, algunos de esos problemas arrinconados y acechantes en su sistema límbico empezarán a plantearse seriamente un cambio de aires.

Pedalee, no piense, pedalee. Oiga a Leonard susurrarle al oido la historia de Susana. Pedalee. No importa que ya no lo persiga el perro.

domingo, 26 de octubre de 2008

Babuinos estresados


Hoy sabemos que la causa fundamental del envejecimiento podríamos achacarla a la oxidación. Y si usted es atrevido o hipocondríaco y plantea la pregunta: "¿Y qué nos oxida?", yo no tendría más remedio que contestarle: ""El estrés". Lo comprobamos como se averigua casi todo en esta parte de las ciencias, gracias a una mosca diminuta llamada Drosóphila Melanogaster. El exceso de radicales libres va fulminando nuestras preciosas celulitas. Puede elegir oxidarse fumando, pero si quiere ser más sofisticado y moderno debería utilizar el estrés.

Durante una temporada estuve dando cursos sobre estrés laboral. Recuerdo uno de ellos en los que pedí, el primer día, que levantaran la mano todos los que se sintieran estresados en su trabajo. De los quince, catorce elevaron el brazo con rapidez. Luego hicimos algunas actividades y pasé unos tests para hacer una especie de fotografía pre-tratamiento. El único que estaba quemado era el que no había levantado la mano.

El "estrés" es un término muy maltratado. Cuando alguien me dice, y esto es bastante frecuente, que se encuentra estresado, yo no sé muy bien a qué se refiere. Hoy asumimos que el que usted se sienta estresado depende tanto de las demandas del medio como de sus propios recursos para hacerles frente.

Las relaciones sociales en determinados contextos son una fuente importante de estrés. Esto lo comprobó Sapolsky estudiando una especie de simios, los babuinos del Serengueti, una zona con pocos depredadores y fácil acceso a la comida, por lo que les basta con trabajar unas cuatro hora diarias, el resto del tiempo lo pueden dedicar perfectamente -y lo hacen- a fastidiarse mutuamente: pegarles a los chicos, hacer gestos por detrás, competir por la más guapa,.. Le aseguro que hablo de babuinos. Sistemáticamente, los que tenían menos control sobre su entorno dentro de la jerarquía, enfermaban más. Entenderá por qué trabajo tanto el tema de la percepción de control.


Hace algún tiempo atendí a una persona en una situación realmente difícil. No podía abandonar el trabajo por cuestiones de supervivencia. No podía cantarle la verdad al que acumulaba trabajo y más trabajo con fechas concretas y urgentes sobre su mesa, porque simplemente lo despediría. No podía apoyarse en su familia, porque su familia lo consideraba un afortunado por el empleo que tenía. Había perdido a sus amigos gracias a tener que utilizar buena parte de su tiempo de ocio a resolver aquello que no podía terminar dentro del horario laboral....

En los cursos citados intentamos aprender a analizar la situación, a mejorar el autoconocimiento y la comunicación, entre otras cosas. A veces no se puede modificar la situación pero sí incrementar el nivel personal de resistencia al estrés. Otras nos tenemos que centrar en hacer pandilla, tejer una adecuada red social,..

Fumar, comer un buen mac-loquesea y unas croquetas de foie al oporto, son procedimientos eficaces, pero donde se ponga a un grupo de seres humanos compitiendo... eso no tiene precio.
Puede leer la obra de Sartre: A puerta cerrada, para hacerse una idea, por si no tiene la suerte de convivir con un grupo que le haga la vida imposible.