martes, 9 de febrero de 2010

Apaga y enciende



Cada año me prometo a mí mismo que me voy a pasar a MAC, ese ordenador que cuando le das a INTRO responde “Sí, amo”. Lo único que me frena es la cantidad de recursos terapéuticos que me brinda el equipo del señor Gates.
Si usted sustituye “escritorio” por “vida”; “interruptor” por “memoria”; “relojito de arena dando vueltas interminables” por “piense antes de actuar”, etc., comprobará cuán cercana está la realidad de la apariencia. Observe:

-“No puedo quitarme esto de lo cabeza” : Apaga y enciende
-“Llevo un mes fatal”: Restaure a un punto en el que se encuentre estupendamente.
-“Estoy muy estresado”: Elimine todos los objetos del escritorio que hace años que no utiliza.
-“Me encuentro vacío”: Aproveche la espera tras cada intro para meditar sobre el sentido de la vida.
-“No sé qué hacer con este problema”: Busque los controladores en otro lado porque Windows no puede hacerlo por usted: ¡madure ya!
-“Me siento sobrecargado con tantas demandas a mi alrededor": Ha abierto demasiadas ventanas en su vida, eso puede producir bloqueo (de hecho, es seguro que se bloqueará).
-“No entiendo muy bien qué es lo que me está ocasionando este malestar": Control + Alt + Supr, (observe lo que más lata le está dando y elimínelo).
-“Cada vez que parece que comienzan a ir bien las cosas, de pronto se tuercen de nuevo”: Pantalla azul, (¿cuántas necesita para que se decida a cambiar?)
-…

Algunos de mis colegas opinan que “el mapa no es el territorio”, yo creo que sí, que “el mapa es el territorio”: lo que haces es lo que eres. Hace unos días me comentaba un paciente:

-Tengo un chip averiado. Tiene que ser de fábrica. Pero la gente no se da cuenta, no sabe cómo soy en realidad, lo inseguro que me siento, cómo estos gritos y poses no son más que asustaburras para ganar espacio,..
-Sí, igual es un fallo del sistema… ¿qué le parece un “apaga y enciende”?
-¡Oh, fenomenal! No sé cómo no se me había ocurrido, gracias.


Gates and cia. van arreglando modulitos por entrega. Sus sistemas operativos tienen más parches en el alma que los sillones de mi consulta. Y para mí, que me gustan más las metáforas que a usted las bayas de Goji, estos aparatos falibles están llenos de ellas y me entrego al descifrado con más pasión que al descubrimiento del HDR.
La próxima vez que necesite ir a una consulta póngase delante del ordenador y déjese imbuir por la sabiduría oculta del pc (absténganse los de la manzanita).


Mac Vs PC En Español
Cargado por LKrieger. - Sitcom, sketch, videos cómicos y de comedia.

viernes, 5 de febrero de 2010

Antes



Me gustaría que no hubiera un punto exacto, un corte preciso, que la tierra no se hubiera hundido bajo mis pies. Que la distancia entre aquello y esto de ahora se hubiera cubierto de forma insidiosa, lenta, con tiempo para darme cuenta y reflexionar.

Me cuesta ligar los recuerdos y las imágenes de antaño con las emociones con que las experimenté. Son como películas sin voz. ¿Eras feliz cuando me abrazabas en esta fotografía del aparador? Busco algún gesto, una palabra, una imagen, datos inconexos, algo que pasara desapercibido. Luego me miro a mí misma. Me siento culpable antes de encontrar sentido a la culpa, antes de hallar, siquiera, algo por lo que sentir que te fallé y que fue ese descuido el que te condujo a ello. Después me irrito, primero conmigo, ¿por qué tengo que sentirme así? ¿qué he hecho yo, al fin y al cabo?, luego contigo. Me siento traicionada. Ninguna promesa ni petición de perdón ha podido alterar ese sentimiento. Ese carrusel de emociones me abate. Disperso las fuerzas, no me concentro, se me olvidan las cosas. Soy otra.

Escuchaba estas historias en las demás y trataba de aconsejar. Cuando recopilo aquellos consejos me doy cuenta de que todos estaban basados en el olvido. En seguir adelante dejando al tiempo encargado de manejar el sufrimiento hasta hacerlo desaparecer. Sin embargo ahora no creo que eso sea posible. No sé por qué ocurrió y no me sirven tus explicaciones. ¿Te ibas enamorando de la otra persona o era de mí de quien te desenamorabas?

Antes. Ya no encuentro complicidad en tus miradas. No la busco. Intento encontrarme en tus ojos que están llenos de preguntas, pero no de mí. Ya no.

¿Por qué? ¿por qué? ¿por qué?,… no puedo abandonar ese pensamiento. Me canso de reconstruir hilos que aparecen desconexos sin razón aparente, algo que me haga entender y al fin, descansar. Vivo un duelo sin difunto.

Estoy aquí, en este despacho antes tan ajeno. Un desconocido que me mira y me escucha como si me comprendiera. No sé muy bien por qué; no sé muy bien para qué. Sólo soy capaz de describirme en mi estado actual, aquella otra persona vital y entusiasta que me cuentan que fui, no la recuerdo. No tengo fuerzas para dedicarle tiempo. Vivo en aquel único instante, retrocediendo al punto justo en que se produjo la división. Ésta que ves que te habla, que te escribe, este fantasma que transmite engañosamente vida, es sólo un disfraz.

Miro a todos esos muertos sepultados por el sitio que antes los acogía y siento ese mismo dolor quemarme las entrañas.

Probablemente hubo un momento en el que la ceniza no cubría el cielo, el que el viernes haría pompitas de ilusión de mi cabeza, en el nos podríamos imaginar sentados y desocupados cuidando de nietos, en el que nuestras mentes seguían su curso natural y fantaseaban con el devenir previsto. Probablemente. Antes.

viernes, 29 de enero de 2010

Viviendo dentro de mí



De las muchas cosas que nos ocurren a lo largo del día, del continuo caudal de pensamientos que nos asaltan, sólo unos pocos tienen el privilegio de pasar a la Gran Caja, uno de esos baúles mnésicos que permiten que determinados hechos o pensamientos perduren más allá del tiempo que están presentes. Me gusta mucho la fotografía. Actualmente, gracias al formato digital, hago fotos sin la preocupación que te daba el antiguo carrete, pero luego tengo que dedicar determinado tiempo a la revisión de fotografías, la mayoría de las cuales tienen poco valor. Igual sucede con la memoria. Van pasando las cosas, las atendemos lo estrictamente necesario y ¡a la siguiente! Si veo una fotografía que me gusta y quiero volver a ella, la marco, le pongo un simbolito o un descriptor que me facilite luego la recuperación. En el caso de la memoria, ese papel de marcador lo desempeñan las emociones.

“Aquello me dejó marcado”, podría traducirse por: “Cuando sucedió aquello, -la inmensa alegría (cóctel de endorfinas, serotoninas, adrenalinas y otras inas) -, detuve la imagen mientras la sellaba a sangre y fuego, para que en las noches de frío pudiera calentarme al recuerdo de lo sucedido, o bien, para que en los días tristes pudiera incrementar mi aflicción, comparando el opaco presente con aquel resplandeciente momento de plenitud”

“¿Por qué se encuentra así?”. Básicamente recibo dos tipos de respuestas ante esta pregunta inicial:

a. Por lo que me han hecho
b. Por lo que me hago

A las personas les cuesta más trabajo librarse de lo que les ocurre cuando están en el segundo grupo. Pertenecer al primero no atenta contra su integridad moral o intelectual, no dice nada negativo de sí mismo necesariamente. En cambio, ser un forofo del equipo de los autoinmolados produce una profunda desazón. “¿Por qué no puedo olvidar?”, “¿Por qué no estudio?”, “¿Por qué no consigo lo que me propongo?”,.. “Será que soy así”, concluyen, bajando los brazos en señal de entrega.

Estos autoanálisis están teñidos del azuloscurocasinegro de un determinado tipo de emociones. No es usted, es esa miríada de particulitas que fluyen ataviados de tristeza.

Vayamos a un alejado territorio para volver luego a casa: cuando intentamos corregir problemas de escritura que ya tienen su correspondiente engrama en el cerebro, no trabajamos afanados en que “lo haga bien, ¡de una vez!”, simplemente le enseñamos otro tipo de letra, otra forma de escribirlas diferente a la anterior, con el fin de que se cree una huella diferente y adecuada.

Ya estamos aquí de nuevo. Probablemente esta persona (del grupo B) está trazando recurrentemente el mismo episodio atormentador, como si no pudiera hacer otra cosa. Intenta escribirlo cien veces a ver si sirve de algo, pero a cada intento la huella se hace más profunda. Cada día necesita menos esfuerzo para volver al malestar. Sísifo, ya digo.
Como alternativa podría dedicarse a construir un nuevo hogar. Bien es cierto que la tristeza del hundimiento del anterior lo acompañará durante el proceso creativo y más allá, pero cuando acabe podrá, al menos, guarecerse del frío.

En su Gran Caja hay recuerdos y vivencias coloreadas desde el negro profundo hasta el alegría radiante: dróguese por la vía adecuada. Como sabrá, nuestro cerebro está cruzado de carreteras, entre ellas está el circuito del placer (qué bien suena). En ese camino se mete una droga y le proporciona un gran gustirrinín. Luego el guarda le pide más, porque la experiencia le gustó, y usted, que es blandengue como yo, cede sin más. Esos caminos mentales también existen para el lado oscuro, proporcionando una especie de gustito masoca, pero gustito, al fin y al cabo. Es como si la emoción que te atrapa no quisiera abandonarte, como ese sopor que te seduce en el sofá tras la comida y al que te entregas sin remilgos. Suena algo: un despertador, un insulto en el tvtomate, tu esposa diciéndote que se va o que llega. Algo externo corta el proceso. Aunque renqueante aún, mientras el ejército vuelve desde el estómago al cerebro, usted se va incorporando a la vida de los despiertos con obligaciones. No es lo que más le apetece, pero lo hace sin más. Pincha en la cabeza la pista 10: Dee do de de dee do de deeeee. Freddddyyyy…. Una de esas cosas que quedan.