Prácticamente nadie ha llegado a la consulta para cambiar sus creencias respecto a algo. Albert Ellis decía que él trabajaba con cambios más profundos, no respecto a la queja principal con la que llegaba el paciente, sino que lo enfrentaba a las demandas y exigencias irracionales que estaban debajo de su sufrimiento.
Mientras esperaba el ascensor al salir de la consulta, pensaba en estas cosas. Hice un auto-examen y me di cuenta de que tengo ciertos prejuicios que podría trabajar para poner a prueba cambios "profundos". Uno, básico, hace referencia a los taxistas. Decidido a poner en marcha el proceso ipso facto, me dirígí a la fila de taxis. El que la encabezaba tenía la ventana bajada y al llegar a su altura escucho su móvil, que lo tiene en la guantera. Se estaba riendo, así que pensé: "Estupendo".
- ¡Hola, ¿estás libre?
- Sí, entre.
Como primera medida intento ser más simpático de lo que suelo serlo en las primeras cincuenta citas:
- Eso que escuchas es lo del chiste ese de los gangosos, ¿no?
Se vuelve serio hacia el asiento trasero.
- No, es mi padre.
- Ah, perdón.
- ¿Adónde le llevo? - pregunta seco y circunspecto.
- A los bomberos, por la zona de los bomberos.
- ¿A los bomberos? ¿No llegaría antes andando?
Tengo una fé ciega en la psicología. Seguiré intentando modificar mi relación con los taxistas.
Muchas veces, la razón por la que vuelve una y otra vez a caer en los mismo problemas emocionales o en las relaciones con los demás, o con el trabajo, o los estudios, ... es esa especie de guión que tiene para enfrentarse a cada una de esas cosas. Las creencias son como las tierras de las macetas. He comprobado que cuando planto una maceta exclusivamente con un tipo de tierra, al cabo de cierto tiempo esa maceta enferma. (Es posible que la falta de riego debido a mis despistes tenga algo que ver también, pero no quiero fastidiar el trasfondo pedagógico de la metáfora). Las personas llegan pidiendo que dejen de salir esas malas hierbas que no las dejan vivir, pero resulta que si dan con Albert Ellis o similar, les va a decir:
- En realidad, lo que tiene que hacer es añadir otro tipo de tierra, cambiar la tierra, echar abono,.. en fin.. El problema está en la tierra de la maceta.
- Pero yo sólo quiero arrancar estas madreselvas.
- Volverán a crecer. Se lo aseguro.
¿Cómo sería su vida si creyera que para sentirse bien los demás tienen que dar su aprobación a lo que usted hace? ¿Terminaría sus tareas si pensara que el resultado final será un fiel reflejo de usted? ¿Estaría "sano física o mentalmente" si su modelo de salud pasara por el corolario: "si se tienen síntomas molestos significa que algo grave puede estar ocurriendo"? ¿Mejoraría alguna vez el repertorio de problemas de ansiedad definitivamente, si en el fondo de su alma se esconde el temor a que los demás noten lo que le está ocurriendo?.
Ellis, simplificaba reduciendo a tres las creencias de tipo irracional que irradiaban diversos malestares desde el fondo del tiesto:
“Debo ser increíblemente competente, o de lo contrario no valgo nada”.
“Los demás deben considerarme; o son absolutamente estúpidos”.
“El mundo siempre debe proveerme de felicidad, o me moriré”.
Revise la tierra, siembre tulipanes y cuídelos, olvide los malas hierbas y, por favor, dígame un guión adecuado para los taxistas.
Historia de Avelino
Hace 9 años