martes, 5 de mayo de 2009

Pompas de jabón


Cada noche, cuando salgo de la consulta, me encuentro en una esquina a un hombre que hace pombas de jabón, enormes pompas de jabón, utilizando dos palos en medio de los cuales tiene dos cuerdas unidas en los extremos y separadas por el centro. Mete el útil en un cubo de plástico azul lleno de agua jabonosa y lanza al aire las pompas. Tiene un trapo sucio en el suelo que se supone debe ser el lugar en el que los transeuntes depositan las monedas. Pero el trapo está vacío cada noche. Es más, la calle está prácticamente vacía a esa hora.


El señor no detiene a ninguno de los escasos paseantes con la mirada, las pompas lo mantienen tan absorto que parece no haberse dado cuenta de que le falta público. Tampoco parece necesitarlo.


Más arriba, justo al bajar el portal de la consulta, todas las mañanas y tardes está otro hombre con un caballete ofreciendo retratos y caricaturas. No pone precio. Sobre el caballete tiene tres caricaturas a modo de ejemplo de su capacidad artística. Ronaldinho, Mr Bean y otro que no he conseguido descifrar. Los modelos expuestos no invitan a darle una fotografía para que haga algo con ella. Día tras día este señor está allí, sentado o de pie, sin clientela, a escasos metros de donde se pone el otro personaje igualmente sin clientes.
Cuando encontramos a alguien en la consulta que presenta algún trastorno de personalidad, una de las cosas que hacemos es investigar el papel que desempeñan los demás respecto a las conductas del paciente, cómo se relaciona con los demás, si parece que tiene conflictos continuos pero al mismo tiempo los necesita, o si su conducta es totalmente ajena a los demás hasta el punto de parecer no necesitar a nadie. El primer grupo es más llamativo, pero el segundo es más grave, generalmente, en el sentido de más difícil de tratar.


Estas dos personas parecen necesitan a los demás, de hecho están en la calle expuestos al público, sin embargo parece que su quehacer es totalmente ajeno al sitio en el que se han ubicado.




- A esta hora no parece que tenga usted mucho público -le dije la otra noche al señor de las pompas de jabón.

- ¡Ah, no, no! Pero es cuando mejor se ven las pompas, ¿no te parece? - me respondió sin mirarme mientras lanzaba al aire una super mega pompa.

3 comentarios:

alicia dijo...

Hola, walden, a mi me parece que esas personas son más libres que nosotros, al menos que yo, en muchos sentidos. ¿no crees?
Ali.

Walden dijo...

¿Qué tal, Alicia?. Si hablamos de estas dos personas, desde luego parecen felices. Según un antiguo estudio, los más felices de la tierra eran los cazadores-recolectores, y esa visión no coincide con lo que nos dicen que está asociado a la felicidad, así que antes de asumir que por hacer pompas de jabón a esa hora de la noche eres un desgraciado es no tener en cuenta cómo lo vive ese "desgraciado".
Un abrazo.

loli dijo...

Muy buena la reflexión, podemos disfrutar sólo por el hecho de hacer lo que hacemos si eso nos gusta, aunque no nos miren, aunque no nos premien... Quizá eso es lo dificil de entender por los demás, cuantas veces oimos decir porque haces eso si no sirve de nada? aparentemente puede parecer que no sirve pero para nosotros mismos seguro que nos aporta mucho.
Un saludo.
Loli