miércoles, 19 de agosto de 2009

Lo que pasa dentro


Yo parezco seria pero no lo soy. Me río mucho por dentro porque no me gusta ir derrochando risas así como así. Ni entregarle carcajadas al primero que me lo pide. La mayoría de las cosas no son lo que parecen. Por ejemplo, mi madre suele decirle a mi padre:

- Puestos a barrer, creo que hoy voy a barrer la habitación con la vista. Mañana te toca a ti.

Así termina enseguida, pero la habitación sigue igual. Por eso sé que una cosa es lo que dice y otra lo que quiere decir. Aunque no entienda muy bien esto último. Para entenderlo tengo que preguntárselo y para saber si soy seria o no también tienes que preguntármelo. No te puedes fiar de las apariencias.



Hay cosas que pides y que no te lo pueden traer los Reyes Magos. Bueno, ni siquiera puede envolverse. Cuando tiro el vaso de agua le pido perdón a papi o a mami y ellos me lo dan enseguida. No me lo guardo, porque no sé muy bien qué puedo hacer con un perdón. Pero cuando les pido permiso les cuesta mucho más. Hace un mes que les pedí permiso para traer el perrito San Bernardo que quiere darme Marta, a la que su madre tampoco se lo da para tenerlo más tiempo en casa, pero ninguno de los dos me lo ha concedido.

Puedo ahorrar para unos patines, pero no puedo ahorrar para un permiso, porque mis padres dicen que no lo conseguiré “ni por todo el oro del mundo”, así que es inútil. Mi amiga Marta dice que a ella el permiso se lo dan si llora lo suficiente, pero como yo me río tanto por dentro, me cuesta mucho hacer las dos cosas al mismo tiempo.

Manuel es el hermano de Marta y siempre está serio. Pero eso no quiere decir que sea serio. Yo le pregunté si se estaba riendo por dentro y él me dijo que no. Que él estaba serio por fuera y enfadado por dentro. Ves. Igual piensas que Manuel es serio y en realidad es un gruñón. Si no se lo preguntas es posible que no te enteres.

Ni cuando estoy escuchando música, ni cuando me estoy riendo para mí, me gusta que me molesten. Si me preguntan en ese momento qué hago, respondo: “Nada”, porque si lo explico la risa se me escapa. Cuando mi padre está muy, muy serio mi madre quiere saber por qué y entonces le pregunta, pero él responde lo mismo que yo: "Nada", y así los dos se quedan calladitos mucho tiempo, disfrutando de las cosas que tienen en la barriguita o en otro sitio del cuerpo. Yo la guardo en mi barriga. Si me troncho de risa por dentro tengo que sujetármela porque es como si toda la risa estuviera cabalgando sobre un caballo desbocado.

Cuando llevan un tiempo así, mi padre comienza a sujetarse la barriga y mi madre, en cambio, la cabeza.

Yo no le pregunto a Marta si trae bocadillos de mortadela en su mochila porque mi madre me ha dicho que tengo que esperar a que me lo diga, igual que ella hace con papá: esperar. Pero la madre de Marta no le tiene prohibido que me pregunte si me estoy riendo por dentro. Y ella lo hace a menudo. Y cuando le digo que sí, comienza a reírse a carcajadas, por dentro y por fuera, porque dice que tengo una risa interior muy contagiosa.

10 comentarios:

Barbarella dijo...

QUÉ PRECIOSO TEXTO!! Walden, creo que es lo mejor que te he leído, me encanta como has conseguido meterte en la imaginación de la niña, me has recordado a María Gripe con "El abrigo VErde", al principito cuando dibuja el sombrero.
Reirse por dentro, una metáfora preciosa. (y en muchas ocasiones, literal).
Te confieso que he tenido que releer el título del blog, porque me ha parecido un estilo distinto al Walden que explica tan bien las cosas, este es un cuento único.
GRACIAS POR COMPARTIRLO
B.

Anónimo dijo...

Le lei el cuento a mi hija, Juan, y me dijo que en realidad a ella era como a Manuel. Yo le dije que a mí se me metía en la cabeza como a la madre de esa niña y despues estuvimos mucho rato hablando. estaba tan emocionada que casi me echo a llorar.
Gracias, nos vemos dentro de poco.
Soraya.

Leonor dijo...

¡Qué bonito cuento, Juan! qué tierno. Deberías cultivas más esta faceta.
Un beso. Lena

Walden dijo...

Gracias, Barb. No conozco el libro de María Gripe, lo buscaré.

Un saludo.

Walden dijo...

Hola, Soraya. Tu hija estaba deseando romper la barrera también. Ahora las cosas serán más fáciles, espero.
Un abrazo.

Walden dijo...

Intentaré cultivar más esa faceta. No obstante, yo también parezco más serio por fuera. Tendrías que preguntar.
Un saludo Lena.

Un saxofonista en mi salón azul dijo...

Hola Walden! Me gustó mucho el cuento. Eso de preguntar y eso de esperar. Me gustó, me permitió pensar y sonreír, porque también es maravilloso reírse por dentro y estallar en carcajadas.
Un beso.

Walden dijo...

Gracias, Lady. Es cierto lo que dices, lo que es raro es encontrarlo en los niños.
Un saludo.

Esther dijo...

Muy bonito, pero me ha quedado una duda después de leer lo que dice Soraya, ¿se trata de una niña que ves en la consulta o de algo que has acordado con la madre o así, o que?
Me ha gustado mucho esa forma de ver el mundo desde dentro. Espero más como este.
Un beso. Esther

Walden dijo...

Hola, Esther. Pues sí, hay otra historia dentro de esta historia. Una madre observaba como su hija cada vez imitaba más la forma de comunicación que veía en casa. Para que no sufriera, le daba una explicación a dichas conductas, como los silencios, por ejemplo. Si el silencio era una buena forma de comunicación ¿por qué no aplicarlo?,... Un poco por ahí fue la cosa.
Un saludo.