
- Mate en dos - avisé a Paco Daza, que masticaba la boquilla del Fortuna buscando un error en mi apreciación.
En la mesa de al lado, el octogenario Félix, metía el dedo una y otra vez en la taza del café en lugar de pulsar el botón del reloj, que estaba justo al otro lado. El pequeño antro frente a la estación de trenes estaba, como cada tarde, lleno de ajedrecistas, de humo y de frases desquiciadas dichas sin pensar en medio de partidas de ajedrez a cinco minutos. En la esquina, un televisor en blanco y negro avisaba de que un señor con tricornio y bigote estaba estampando balas en el techo del hemiciclo de los Diputados. Alguien nos sacó del ensimismamiento y todos nos quedamos durante un rato intentando entender qué ocurría. Diez minutos después, salíamos de estampida.
Con el paso de los años soñé que íbamos a la plaza de las Monjas, a manifestarnos, a enfrentarnos a los de las cadenas, a los de Fuerza Nueva, a los de Cristo Rey, a todos esos, en fin, que se empeñaban en cruxificarnos cada vez que nos veían pegar carteles en cualquier muro abandonado. Soñé con valientes que coreaban a mi lado las consignas de siempre. Pero la verdad, es que todos corrimos a nuestro escondrijo. A quemar libros, a enterrarlos, a meternos debajo de la cama con la radio, a ver el último atardecer desde el mirador de El Rompido, una playa atravesada por un río,..
Pasados los años los golpes han sido más precisos y silentes, han ido desmontando las ilusiones por cambiar, nos han alejado de las batallas necesarias hacia batallas periféricas, nos han aislado del debate político, hasta hacerlo parecer socialmente de mal gusto, capaces, en suma, de convertir a cualquier grupo reivindicativo en quince alumnos de un curso de macramé. Ahora somos todos más tele-algos, desde la tele-pizza hasta los tele-niños, pasando por los tele-padres. Nunca, como hasta ahora, he visto a tantas personas preocupadas de sí mismas y tan despreocupadas por lo que acontece fuera del portal de sus casas.
El espíritu de nuestro tiempo. Entelequias inasibles que sitúan los problemas allá donde no nos es dado llegar.
Hoy, estos días, una ola parece que está sacudiendo el mundo. Otro golpe, otros golpes, esta vez contra lo que parecía inamovible. Golpes en la calle. No sabemos si enterrarán ese patrullar hacia la esperanza como hicieron en su día en Irán, como recoge la imprescindible "Persépolis".

- Mate en dos, pringao.