
Una de las
últimas aficiones que he incorporado a mi vida es la programación.
La programación es una de las cosas más alejadas de la faceta
emocional que distingue a los seres humanos. La mayoría de mis pacientes con
Asperger se mueven como pez en el agua en este universo tan predecible. A mí me
sirve como entretenimiento mental, sí ya sé, parece una especie de tortura si
partes del desconocimiento casi absoluto, pero me ofrece retos y la posibilidad
de estructurar de manera lógica la búsqueda de soluciones.
En la
programación existe una cosa que llamamos bucles. Un bucle es una estructura
que se utiliza para no tener hacer lo mismo una y otra vez. Cuando conocemos
cuántas veces vamos a repetir lo que sea utilizamos una estructura del
tipo FOR….NEXT, pero cuando lo
desconocemos es mejor utilizar alguna variante como por ejemplo: DO WHILE….
LOOP, que viene a ser algo como “Hacer
mientras se den estas condiciones”.
Muchos
pacientes están metidos en algunos de estos bucles, como si se tratara de una
habitación sin salida.
Hace unos
días, mientras una chica me comentaba llorando lo mal que lo pasaba porque no
sabía cómo manejar lo que le sucedía, la interrumpí y le ofrecí un caramelo.
Ella lo aceptó y se lo metió en la boca. Ahora, con algo más de dificultad,
siguió contando y llorando. Al acabar le pregunté si había notado alguna
diferencia y me dijo que no. “¿Y el caramelo cómo estaba?”. “Muy rico”, me
contestó. “Bueno, la historia no cambió pero al menos fuiste capaz de saborear
un caramelo”.
Seguramente
harán falta más cosas que un caramelo o su metáfora para salir de un bucle,
para darse cuenta de que una cosa es la historia que nos decimos o la que nos
cuentan y otra en realidad, es que sea la única o la más conveniente, y que
seamos o no capaces de cambiarla.
Volvamos pues
a la programación, a la programación neoliberal en este caso:
Do While mercados = descontentos
Iva =subir
Publico=eliminar
Funcionarios=reducir
Salarios=
reducir
Loop
Buena parte
de este bucle tiene un amplio calado social. Por ejemplo, si se hiciera una encuesta para reducir el número
de empleados públicos, su sueldo, vender los edificios y el patrimonio estatal,
etc., muy posiblemente conseguiría la mayoría necesaria para llevarlo adelante. Los efectos colaterales pueden llegar a ser desde esperpénticos hasta dramáticos. Por ejemplo, los otros
días un usuario comentaba en una oficina pública que los servicios desprendían un olor
pestilente. Una empleada le dijo que se había suprimido la partida para
productos de limpieza e incluso las horas para su limpieza. Para el usuario la
solución pasaba por cerrar el edificio entero y echar a todos los "vagos" que lo compartían.
Entiendo
pues, que sea tan fácil utilizar esta estrategia como medida de solución sin
fin. Pero más allá de que un empleado asuma el trabajo de cuatro y se tenga que traer el
papel higiénico de casa, existen otras
consecuencias a este tipo de políticas. El ejemplo más visible es por lo pronto
Grecia.
En 2009 la tasa de
suicidios en Grecia se situaba bastante por debajo incluso de la española, en
el año 2011 se produjo un aumento de más del 40%, hasta el punto de convertirse
en la mayor de Europa.
La desesperación, la falta
de salidas a las situaciones individuales y colectivas,
son un caldo de cultivo excelente para las depresiones, y una vez instalados en
las mismas, la propia muerte se convierte en una solución atractiva.
A veces tengo la sensación
de que el sistema se está suicidando también. Si el capitalismo se basa en el
consumo, le cueste al planeta lo que le cueste, y para consumir tienen que
existir los homo consumens, ¿por qué los están extinguiendo de tantos países al
mismo tiempo?
No sé, es como si la oligarquía financiera hubiera descubierto
las ventajas del feudalismo: el pueblo sólo necesita lo esencial para la
supervivencia, el resto nos lo agenciamos nosotros, bien pertrechados detrás de
un ejército pagado por el mismo pueblo al que sojuzgamos. ¡¡No me diga que no es
atractiva la idea!!
Pero volver a la Edad
Media no me hace ilusión, y puestos a ser exprimido prefiero vivir en Matrix y
servir como energía para a una máquina, que a cambio me haga imaginar que vivo en
el paraíso (o sea, viendo partidos de la selección y tele-basura: ¡Anda, si eso ya lo hago!).
Las decisiones que nos
conciernen se toman en espacios que no tienen nada que ver con aquellos que son ocupados por los diputados
que elegimos democráticamente. Se legisla en una doble vertiente: para suprimir
derechos (a este paso serán ilegales hasta las barbacoas) y para garantizar el
pago a los señores feudales- perdón, los bancos y otras aves de rapiña
financiera-, como por ejemplo, anteponer en la Constitución el pago de la
deuda a la garantía de los derechos
sociales fundamentales.
Cuando en asociaciones
como la nuestra, el colegio de psicólogos de una región determinada de este
país, pasamos tanto tiempo debatiendo los Estatutos y tan poco tratando de
implicarnos socialmente o de dar respuesta a algunas de las manipulaciones a
las que asistimos, me entra cierta urticaria mental que me tiene inquieto
bastantes días tras cada reunión. También nosotros nos metemos en bucles, en
bucles infructuosos.