domingo, 9 de febrero de 2014

Ciclogénesis y felicidad

Hace mucho que no escribo sobre la felicidad, hoy, con esta explosiva tarde ciclogenética tan desapacible parecía más tentador dejarse arrastrar por la melancolía, pero he decidido romper esa tendencia y volver a sobre el tema, a pesar de lo sobreexplotado que la tengo en el blog.


Le explicaré, ya que estamos aquí entre amigos, con una taza de café  y el televisor apagado, en torno a una mesa camilla rezando porque los árboles permanezcan asentados en sus raíces,  cómo conseguir, por fin, el Santo Grial del Capitalismo.

Si usted quiere ser feliz necesitará en primer lugar cierta dosis de un neurotransmisor llamado dopamina. La buena noticia es que es gratis, la mala es que se gasta pronto. Si aprende a abrir la llave de la compuerta del circuito del placer podrá conseguir la felicidad, en dosis, eso sí, ya le digo. No creo que haga falta que le explique lo de ilusionarse o dejarse ilusionar. 

Otro componente importante consiste en que no confluyan al mismo tiempo emociones negativas. Yo esto lo aprendí de pequeño: si venía a casa mi tía A, la cosa  iba igual de bien que cuando acudía mi tía B, pero si por una falta de coordinación  coincidían ambas, entonces la suma de las partes se convertía en un desastre de puzzle con final de opereta del que sólo podía sustraerme esnifando el detergente que se le quedaba pegado a los soldaditos de los botes de Colón.

Una especie de almendrita dentro del sistema límbico es la encargada de recibir juntas a la tía A y a la tía B. Bueno, puede recibirlas y también, y no es infrecuente, puede incluso citarlas. Una vez que ambas tías han estado en tu casa, a la amígdala le cuesta poquísimo convertirlas en recurrentes fantasmas del castillo.

¿Y qué puede usted hacer para frenar a la dichosa amígdala? Introducirse de lleno en tareas mentales, no tanto en leer a Derrida, como en hacer un Sudoku. La ocupación es a la almendra dulce esa, como el crucifijo a los vampiros, para que se haga a una idea. Pero claro, la pega es que uno no puede estar todo el rato haciendo Sudokus. De algo tenemos que vivir los psicólogos.

Una cuestión más. Aparte de conseguir administrarse una dosis de dopamina y evitar que la amígdala inunde el sótano,  hará falta algo un poco más difícil: darle a su vida un significado, una coherencia que le permita circular por sus días como si supiera a dónde va. Aquí llegamos a mi zona preferida del cerebro, el córtex prefrontal, el habitáculo del piloto, el que dirige el cotarro, o más bien, si quiere, el que cree que dirige el cotarro. El área ventromedial, -que ya sé que no le interesa lo más mínimo- es la encargada de parar los sentimientos depresivos y dar una sensación de coherencia y significado para que su vida no parezca un puzzle irresoluble.

Usted se preguntará qué puede hacer con esta zona tan rara, ¿no hay una tarea para la ventromedial? No, aquí no se trata de tareas, sino de encontrar el  "camino" y que ese camino encaje con el verdadero modelo de felicidad: ser parte de algo y no un "algo" aislado en busca del tesoro.




12 comentarios:

Ana dijo...

Sudokus versus psicólogos. ¡Ja,ja! Interesante.

Celia dijo...

Por esto último que comentas necesitamos ser de un equipo de (futbol, de un partido politico, etc)
Para sentir que pertenecemos a un grupo?

Porque hace poco hablando con un amigo sobre el tema de la posible independencia de mi comunidad autónoma del resto de españa
Yo le comentaba que me sentía española y a la vez muy catalana.
Y el me decía que el se sentía ciudadano del mundo... y que lo de nacer en un sitio u otro le parecía anecdotico...
Y yo me di cuenta que tenia razón y me pregunte a mi misma si no soy nada de tradiciones ni similar que necesidad tenia de defender con un orgullo o una tierra u otra?
O mi direcho a sentirme de ambas?

Rune Cárter dijo...

Walden, ayer por la tarde encontré mi camino!!!
Ya, ya sé que suena raro... ahora te cuento.
Acabo de pasar por mi blog, la verdad es que lo he abandonado sin avisar, no sé si volveré, pero ahora mismo me da igual, que es que soy especialista en convertir cosas bonitas en obligaciones y, llegados a ese punto, ya no son bonitas. Y al ver tu comentario he pensado en pasar a saludarte. Curiosamente, en relación con tu post, me gustaría contarte lo que he pensado.
La raíz de mi infelicidad, pese a lo feliz que digo yo que soy y la cantidad de momentos chulos que me encargo de vivir, es esa, estar perdidísima, no saber hacia dónde voy o por qué. Y ayer pensé qué quería hacer para ser feliz. No es una fórmula mágica, no sé si funcionará, pero el sólo hecho de pensar "ya está, ya sé lo que me haría feliz, voy a luchar para conseguirlo", el escuchar un poco mis gustos y apetencias y no tanto el "debería hacer", me hizo sentir que, de repente, me oprimía menos el pecho, me pesaban menos los hombros, que tenía algún control sobre mi vida, que era verdad que soy capaz de lo que quiera.
Te confieso que se trata de una simple opción de autoempleo, nada de un plan a lo grande ni de ningún tema espiritual o místico que me haya hecho descubrir verdades de la vida. Pero esa sensación de alivio no puede ser un error...
Sobre el blog, pues no sé qué haré con él, si volveré o no, ya veremos si vuelvo y quién queda por aquí. Pero me da alegría encontrarme en la blogosfera con la gente que me gusta, me gustó tu comentario, y me ha gustado tu entrada.
Nos vemos, no sé cuándo, espero que pronto.
Un beso, que tengas una feliz semana.

Walden dijo...

Donde se ponga un Sudoku.

Un beso Ana.

Walden dijo...

Sí, Celia, el sentimiento de pertenencia es esencial, de hecho buena parte de lo bueno y lo malo que hacemos tiene que ver con eso.

Respecto a lo de la nacionalidad, hay grupos que se crean a partir de símbolos que son aceptados como identitarios por parte del grupo, y que muchas veces tiene que ver lógicamente con la cultura, el idioma, etc. Es como lo de la familia en que uno nace. Luego está la conciencia, esa que permite elegir el grupo de pertenencia, los amigos, digamos. Yo me siento más vinculado a personas con una determinada conciencia de la justicia que a personas que pertenencen a un determinado territorio.

Puesto que los medios de comunicación centran el debate sobre las diferencias, es fácil que el debate transcurra en ese ámbito, y no en el de lo que nos une.

¿Está más cerca un albañil catalán del sr Roig (banquero) que del albañil andaluz? Lo entiendo mal. Pero es muy probable que si sale este tema en una conversación entre ambos acaben acudiendo a toooodos los tópicos que los medios nos sirven en bandeja para poder deglutirlos sin mucho esfuerzo.

Vaya tela la que te he soltado. Eso por venir a opinar.

Gracias, Celia. Me alegra volver a verte.

Walden dijo...

No sabes la puntería que has tenido Rune. Ando envuelto justo en el mismo dilema que parece que tú acabas de resolver.

Me alegro por ti. Me gusta menos saber cómo te va, pero bueno, así es esto del mundo bloguero.

Cuando puedas informa, con eso me conformo.

Un besazo.

Ana dijo...

¡Hola, Walden!
Voy a restringir el acceso a mi blog "demipasadovengo". Si quieres seguir viéndolo mándame tu correo electrónico para añadirte a la lista.
Un beso.

Alís dijo...

Ser parte de algo... No lo pones tan fácil. Porque digo yo que para "sentirse" parte de algo trabajan tanto el deber como el deseo, y mi sensación cada vez más es que no suelen ponerse de acuerdo.
Ya sé, ahí es donde entráis los psicólogos ¿no?
No puedo decir que tus entradas, al menos las que hablan de la felicidad, me dejen muy tranquila, pero me entretienen mucho y, sobre todo, me encanta cómo nos lo explicas.
Evitaré hacer ningún juego de palabras entre la dopamina y el detergente esnifado.

Un gusto siempre pasar por aquí

Un beso

Walden dijo...

Llevas razón, Alis. Es un conflicto curioso: por un lado es bueno para la salud de las personas sentirse parte de algo; por otro, los pasos necesarios para lograrlo a veces se hacen muy cuesta arriba. Sí, a eso ayudamos los psicólogos normalmente.

Un beso.

Rune Cárter dijo...

Walden, falsa alarma, no había encontrado mi camino. O tal vez sí... se me ocurre que quizá todo lo que estoy aprendiendo ya es un camino hacia alguna parte, y es un camino bonito, aunque te salgan ampollas en los pies.
¿Todo bien?
Un beso.

Ana dijo...

¿Y tus buenas costumbres?
Un beso.

Walden dijo...

jajaja, sí, Ana, llevas razón. Me pongo a repararlo.

Un abrazo.