viernes, 22 de agosto de 2008

Desconfía y acertarás

A los psicólogos en general, en particular con los que hablo, nos resulta llamativo cómo una persona muy desconfiada con los seres humanos llega a una consulta que se basa justamente en la confianza. Puede que haya sido forzado de alguna forma a acudir. Por ejemplo, su esposa le ha dicho que o se trata o se acabó. Entonces, a pasito pequeño, esa persona se acerca a la cita que probablemente pidió su compañera.


Lo mejor de la desconfianza es que es muy difícil de desmontar. O sea que si usted es de este selecto grupito, no se preocupe, le va a cundir. Ya hará algo esa persona o cualquier persona de su entorno, algo, digo, por pequeño que nos parezca a los demás, que certifique fehacientemente que tenía razón. Seguramente usted habrá engañado alguna vez, una pequeña mentirijilla o grande, no importa. Al fin y al cabo, usted se reconoce como justo y seguro que tiene un motivo para haberlo hecho. Pero ellos… a ellos les das un poco de información y no puedes imaginarte lo que pueden hacer con ella. Disfrutan fastidiando a los demás. Es su tarea favorita: hablar de usted hasta hacerle sangrar el oído.

Si se quiere ser un buen paranoico conviene enfadarse, airarse mejor, ante cualquier crítica, observación o comentario. Cuando se lo cuente a los demás es posible que le quiten importancia, lo que demuestra, una vez más, cómo es la gente. No te puedes fiar.

Se atormenta, especialmente por las noches, cuando cesa la actividad diaria y puede conseguir un insomnio de regalo para su tormento. Monta diálogos o escenas en base a pequeños indicios reales o ficticios, qué más da. Y conforme oye el montaje en su cabeza se va afianzando la idea. Se lo confirman las tripas y, ya lo dije ayer, no hay como un colon dando morcilla para que uno se lo crea todo, todo. Y más si se lo dice alguien de tanta confianza.

Es importante que evite, pues, dar demasiada información sobre usted. Engañe. Al que quiera saber, mentiras a él. Si es preciso, excúsese de todos los actos sociales que pueda. Vuélvase un ermitaño y déjese la barba. La soledad ayuda mucho a la paranoia. Un buen sofá, una cama mullida y el techo como pantalla en la que proyectar la inquina ajena van a favorecer enormemente su proyecto personal. Y si alguien intenta ayudarlo, asústelo con aspavientos, pues seguro que debajo de esa piel de cordero se esconde un troyano dispuesto a hurgar en su vida privada.

Ahora, por alguna razón, está aquí, delante. Escuchando, probablemente. El psicólogo le pide que cruce el río, descalzo, temeroso claro, pero dispuesto a probar arribar a la otra orilla. Tirarse del escenario con los brazos abiertos y a ver si hay suerte y el público lo recoge, o bien, como presume, se da el gran tortazo.

Cruzar o no cruzar, he ahí el dilema.

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Pues asi hay mucha gente, por lo menos yo voe mucha desconfianza a mi alrededor, nadie se fia de nadie, y creo que es normal tal y como esta la cosa.
Alberto

yon dijo...

Las gafas, Alberto, quítate las gafas.

Anónimo dijo...

Una amiga mía es muy desconfiada, hasta tal punto que a veces ha llegado a poner en peligro nuestra amistad porque cree que cuando le pregunto algo lo hago con una intención oculta, yo que sé. Es desesperante. Igual necesita ayuda, aunque yo creo que ella no es consciente de ello. ¿qué se puede hacer con estas personas? porque luego es buena y servicial, pero...
Toni

Walden dijo...

Sin duda hay experiencias que nos marcan en nuestra vida y que pueden transformar una visión adecuada de los seres humanos, en otra negativa, distante y desconfiada. Sin perder de vista la sensatez, la tarea de los psicólogos debe ser, sin duda, transmitir que las personas son/somos esencialmente buenas, aunque a veces se actúe mal. La desconfianza y los celos son buenos para aumentar la producción mundial de adrenalina, pero sienta fatal a las cabezas.
Juan.

Anónimo dijo...

Pero, como hago para dejar de ser celosa. Estamos siempre discutiendo en casa y creo que no vamos a terminar bien. Mi marido dice que soy una desconfiada, pero yo confio en todo el mundo, aunque en el igual no tanto, en verdad. Hace un año fuimos a una siologa y nos dicjo mas o menos, que habalramos mas y que compartieramos mas cosas, al principio mejoramos pero luego hemos vuelto a lo mismo, mas o menos. seguramente convendria que fueramos otra vez.
me gustaria que me dierais algun consejo si os a pasado esto alguna vez. Gracias.
Paqui.

Anónimo dijo...

Pues estoy de acuerdo con usted. Ha definido a los "desconfiados" con una gran precisión pero yo aundaría más en la falta de fiabilidad de un desconfiado. El mensaje bíblico de la paja y la viga es muy ilutrativo.

Walden dijo...

Pues sí, todavía se podría abundar más en el perfil del desconfiado.
Gracias por la visita.

Un saludo.

Anónimo dijo...

Gracias por la respuesta y discúlpeme por la ortografía. Me refiero a lo de "aundaría"= abundaría y "ilutrativo"= ilustrativo.
Yo padezco el problema con mi hermano gemelo. ¡Sí! Como lo lee. Un hombre con un carácter curiosísimo, desconfiado, negativo, despreciativo, egoista, caprichoso, etc. Cualquier cosa que hago es infravalorada y despreciada. Yo soy un tipo trabajador, constructivo. No lo entiendo pero, ¿Que se puede hacer?