martes, 15 de septiembre de 2009

El día que salvé a Obama (2)



Nada más entrar vamos corriendo a ver a los patitos. Y nada más vernos, Obama comenzó una extraña representación de lo que podría denominarse “un pato mareado”. Giró sobre sí mismo un par de veces, entornó los ojos como aviso de caída inminente y tras chocar contra las paredes de su casita de cartón, completó el número con un par de espasmos que nos dejó a mi hija y a mí tan asustados como alegres llegábamos del cine.

Durante dos semanas estuve con aquel padre fabricando juguetes. Le pedí que eligiera entre hacerse mago o fabricar juguetes clásicos y elgió lo segundo. Quería recuperar la relación con su hijo, así que cambiamos el lamento por la indiferencia filial, por la acción pura y dura. En lugar de estar "junto" al hijo cuando el horario se lo permitiera, decidimos que estuviera "con" él, haciendo, compartiendo. Recuperamos algunos de sus juguetes de la infancia: la pandorga (cometa), los patinetes con rodamientos, las canicas de barro, un pimball, etc.


Cogí a Obama y empecé a humedecerle el pico. Estaba frío. Le caldeé el cuerpo entre las manos. Mi hija pequeña observaba temerosa. De pronto comenzó a sorber. Luego le dimos algo de comida en la palma de la mano. No estaba seguro de si había sufrido un ataque de pánico, si se había deshidratado, si estaba debutando como histriónico o si, simplemente, su compañero Beckahm no le había dejado probar bocado,.. El caso es que, aunque débilmente, comenzó a dar muestras de recuperación.

Al cabo del mes llegaron a la consulta padre e hijo. Por primera vez venían los dos juntos. Antes siempre había venido con la madre. Más que terapia, querían que les aclarara un detalle de un pimball.

En la película "Ex" unos padres divorciados discuten delante del juez por evitar la custodia de sus hijos, a los que calificaban de inaguantables ("No se lo querrá usted creer, pero lo que quieren es que los lleve a la ópera,a los museos,..."), alegando que sus trabajos no les permitían dedicarse a ese tipo de tareas. Sin embargo, el juez los condena a llevar juntos a ambos a todos esos sitios. Algunos meses después, los padres vuelven al juzgado a agradecerle al juez la idea, porque aunque dan alguna cabezadita entre canto y canto, nunca se lo habían pasado tan bien juntos (entre otras cosas porque nunca habían estado verdaderamente juntos en ese mismo sentido).

Cuando pasé por delante de su habitación, ya por la noche, mi hija pequeña me llamó:

- ¡Menos mal que estabas aquí, papi!

Sí, menos mal que estamos ahí.

4 comentarios:

Antonio dijo...

Que de tiempo hace que no oia esa palabra, pandorga, con lo bonita que es.
Me alegro de que le salvaras la vida al pato porque a mi se me murio un hamster hace un mes y mi hijo todavia esta de luto.
un abrazo Juan,
Toni

Barbarella dijo...

Un final perfecto..
Una peli a ver.. "EX"...
Una búsqueda..¿Pandorga?...
Un saber mezclar y enlazar dos historias..
Una reflexión.. "estar con.."
Una entrada para leer dos veces.
Un saludo.
B.

Walden dijo...

Gracias Barb.
Me gusta la palabra "cometa", pero "pandorga" la tengo asociada a largas tardes construyendo juguetes en el patio.
Un saludo.

¿Qué tal tu hijo, Toni? Hace tiempo que no sé nada de él.
Un abrazo.

Esther dijo...

Muy bonita la historia del patito. Seguramente tenemos que ajustar más nuestras agendas, porque aunque es difícil cuidar a los niños lo es más aún si el poco tiempo que tenemos no lo incluimos a ellos. Completamente de acuerdo.
Un saludo Juan.
¿Para cuándo el post sobre los poemitas del que me hablaste?
Esther