lunes, 19 de octubre de 2009

La puerta del infierno


En una remota república de la antigua URSS, en el centro de Asia, se encuentra Darmaza, una pequeña población enclavada en un paisaje desértico. En los años setenta, geólogos de la Unión Soviética buscaban en el subsuelo de esta zona bolsas de gas natural. Durante la perforación dieron con una enorme cueva subterránea que provocó el desprendimiento de la maquinaria y del costoso equipo que utilizaban. Hicieron un primer intento por rescatarlo, pero las mediciones reflejaban una gran cantidad de gases tóxicos, por lo que decidieron eliminarnos por combustión. Una cerillita y dentro de unos días aquí paz, allá gloria y un pozo calcinado para que los darmazianos jueguen a las canicas.

Al día de hoy, más de cuarenta años después, el socavón sigue en llamas, presentando una imagen que debe ser la contraria a aquella otra celestial a la que uno se imagina reservado, cuando gana puntos cediendo el asiento a la señora mayor del carrito en el autobús.

Cada poco tiempo llega alguien a la consulta para que le ayude a extinguir un cráter incandescente que se incendió algún día, tiempo atrás, con un desengaño amoroso, una venganza, una traición, un desaire, una disputa, una afrenta, el abandono,… Esa llama que crepita con cada mirada, con cada recuerdo, con cada visita, que tiene el extraño poder de atraparte, como aquella otra de las chimeneas, de las hogueras, de todos los fuegos, que sube desde las entrañas y te va quemando a su paso por dentro.


Hace poco leí la última entrada de un blog en el que la autora se despedía para marcharse camino a Darmaza, para apagar la desazón que le producía un amor no resuelto. Los geólogos fueron también allí, abrieron un prometedor hoyo que comenzó a emanar gases, otros, no los deseados, luego no supieron qué hacer sino más de lo mismo, aunque la situación fuera completamente diferente. La solución se convirtió en el problema. Durante bastante tiempo estuvieron esperando a que el gas se consumiera, a que lo que habían intentado diera sus frutos; unos días, unas semanas,… Finalmente se marcharon.

Los fuegos arden en el estómago, pero se encienden en la cabeza. En las consultas tenemos bengalas de colores; otros fuegos, otros caminos,…dejamos abierta la puerta del infierno, pero sabemos que no es necesario cruzarla.

9 comentarios:

Frabisa dijo...

No conocía de la existencia de DArmaza ni de lo que allí ocurrió.

Interesante la metáfora a la que aludes. Parece lógico que seamos nosotros mismos los que apaguemos nuestros fuegos, incluso lo es que pidamos ayuda si lo necesitamos, pero el remedio está en ordenar nuestros pensamientos.

Muy interesante tu post.

saludos

Walden dijo...

Hola Frabisa, lo malo de cuando se está dentro del volcán es que se está tan ocupado apagando las llamas que no da tiempo a ordenar los pensamientos.
Un saludo cocineril.

Un saxofonista en mi salón azul dijo...

Qué buena metáfora y qué bien cuenta usted, Mr. también las historias... Y Lady Jones pregunta... ¿cómo se consigue hacer que la chispa no prenda con cada mirada, cada palabra, étc? y ¿por qué hay quien puede con los pozos negros crepitantes y quien se hunde con ellos y se incendia? Lady Jones no es de las que cree que todo proviene de la infancia... ¿me puedes responder a esto? Un beso, y si no, ya sabes dónde me puedes mandar, jejejej
Un beso sin bromita detrás.
LADY JONES

Walden dijo...

Hola, Lady. Ayer tuve en la consulta a una persona de las que creía que nunca jamás se "hundiría en un pozo" y ahora no ve la salida. Creo que todos somos susceptibles de "caer". Levantarse depende mucho de las medidas que se tomen. Si uno no es capaz por sí mismo debería solicitar ayuda, como haría si tuviera un dolor de muelas.
Ahora bien, impedir que "se encienda la chispa" requiere que otras chispas sean más importantes que aquella otra.
Gracias por la visita y el comentario.
Un beso desbromizado.

Un saxofonista en mi salón azul dijo...

Gracias por responderme, Mr. , no creas que soy una escéptica, es un poco del día a día de Mr. Jones Country que una a veces no comprende y no sabe dónde leer...
Gracias por recibir ese beso y ahora va otro.
Nos leemos.
LADY JONES

Leonor dijo...

Que buena metafora. A mi me cuesta desengancharme de esos fuegos, pero aprendi en todas esas conversaciones que tuvimos que igual no es necesario apagarlos para seguir adelante.
Me alegra leerte, te identifico en tus escritos, seguramente eso es bueno.
Un abrazo.
Lena

Walden dijo...

Lady: ese beso para la mejilla izquierda, que la tengo más descuidada.

Leonor: Probablemente esa sea la clave. Un abrazo.

Moni dijo...

Pasé por tú casa y me quedé un rato...la banda sonora un placer

Walden dijo...

Gracias por la visita, Moni. Hace tiempo que no escribes en tus post, ¿no?.
Un saludo