
Piense un momento, por favor, y conteste: ¿Cómo cree usted que lo ven los demás?
Está en una discoteca y comienza a sonar esa canción que la empuja a la pista. ¿Podrá más el impulso de sus pies o su temor a que el jurado que está acodado en la barra le saque un 3 de nota media cuando la vea bailar?
En realidad, las situaciones sociales son bastante ambiguas, así que puede permitirse colorearlas según sus propias creencias y llegar a partir de ahí a cualquier conclusión.
Desde hace años mantengo una conversación de sobremesa permanente con unos amigos. Ellos sostienen que el ser humano es egoísta por naturaleza y yo lo contrario. Es un tema interesante, pero lo que importa ahora es cómo afecta, en su propio comportamiento, la forma en que ellos ven a los demás.
Las personas que sufren fobia social tienen un miedo desproporcionado a ser el foco de atención, no tanto porque todo el mundo las mire, sino, según creen, a las evaluaciones negativas que se van a derivar de esa observación. Desde esta perspectiva, los demás son siempre potencialmente amenazantes. Podría decirse que se crea una especie de conflicto entre el deseo de mostrarse estupendísimo de la muerte y la inseguridad absoluta para conseguirlo.
- Pensarán que soy estúpido.
- ¿Y qué?
El “¿y qué?” fastidioso. ¿Por qué tendrían los demás que pensar que somos pluscuamperfectos? ¿Cómo podría usted estar seguro de que se comportará de la manera que espera que lo haga el grupo? ¿Hay alguien en su entorno a quien no haya criticado nadie? ¿Y qué?
Visto desde fuera, lo que más llama la atención es el poder que otorgan estas personas a los demás. El miedo a ser observado y evaluado determina sus pasos diarios. Uno se pregunta: ¿serán los demás con él/ella tan duros como ellos lo son consigo mismos?.
- Si digo algo mal y me equivoco, pensarán que soy tonto.
En realidad quiere decir: “Creo que… si digo algo mal y me equivoco, pensarán que soy tonto”. La única evidencia es lo que ellos mismos creen. Lo demás es incierto. En todo caso, incontrolable y posiblemente poco trascendente.
- Si yo me equivoco, tartamudeo o me quedo un momento pensando,.. ¿pensará usted: vaya terapeuta más tonto?
- Ah, no, no, claro que no.
Es una doble vara de medir: "yo soy condescendiente; los demás no"
Cuando un pensamiento va acompañado de una importante carga emocional se convierte en algo completamente fidedigno, evidente.
- Intentamos sobrevivir y para eso los demás son una constante amenaza. No te puedes descuidar – me dice mi amiga.
- Tiene que ser muy aburrido ir siempre con la espalda pegada a la pared –le respondo.
Al fin y al cabo, qué más da que le dé argumentos sobre el contenido social de la supervivencia o sobre esta o aquella investigación. Me vale con pensar en las consecuencias que tendría para mi propia vida ese tipo de creencias. Seguramente habrá alguien que esté dispuesto a hacer de Bruto en su vida, pero es muy probable que haya muchas más dispuestas a ayudarle a restañar la herida.
Cuando un pensamiento va acompañado de una importante carga emocional se convierte en algo completamente fidedigno, evidente.
- Intentamos sobrevivir y para eso los demás son una constante amenaza. No te puedes descuidar – me dice mi amiga.
- Tiene que ser muy aburrido ir siempre con la espalda pegada a la pared –le respondo.
Al fin y al cabo, qué más da que le dé argumentos sobre el contenido social de la supervivencia o sobre esta o aquella investigación. Me vale con pensar en las consecuencias que tendría para mi propia vida ese tipo de creencias. Seguramente habrá alguien que esté dispuesto a hacer de Bruto en su vida, pero es muy probable que haya muchas más dispuestas a ayudarle a restañar la herida.