
Supongo que usted será uno más de los muchos que
estamos “cagaditos” cada vez que “los mercados” - ese ente abstracto y ubicuo (o
sea, Dios)- anuncia el apocalipsis por capítulos, a cada cual
más angustiante.
Yo me crié con “el hombre del saco”, un señor
terriblemente amenazante que cumplió con creces su cometido conmigo. Si alguien
gritaba en el barrio: “¡¡Que viene, que viene,..” yo corría de inmediato a mi casa y me metía
debajo de la mesa de camilla, rezando y prometiendo no volver a jugar a los
médicos con ninguna vecina.
Es un mecanismo de psicología básico, ya lo he comentado muchas veces por aquí. La carreterra
que llega al miedo es una autopista; la que llega a la razón es una secundaria
y con baches.
Funciona tan, tan bien, que buena parte de las
parejas y familias se especializan en los mensajes de ese tipo para mantenerse
unidos y acríticos. “Si no haces esto que te pido significa que no me quieres”,
“Todos los demás son más loquesea que tú”, “Fíjate en tu hermano lo bien que lo
hace (inútil)”
Entonces, si es tan eficaz con los individuos,
con las familias, en los coles,.. ¿por qué no aplicarlo de forma general, como
el fluor en el agua?
No sé si conoce usted la “fábula de la espiral”.
Igual no, porque no forma parte del proceso de socialización infantil. Se basa
en desmontar un razonamiento aparentemente veraz: Si sube el petróleo, sube el
transporte y sube… (ponga usted cualquier otro ejemplo), no tendremos más
remedio que subir el precio de la gasolina. Todo sube, es una espiral. Bueno,
un momento, esa no es la única posibilidad: en lugar de subir el precio, usted podría
reducir sus beneficios (exagerados beneficios).
Da miedo imaginarse a los griegos, ¿verdad? Haremos
lo que haga falta para evitarlo. Uf, tengo la tripita como cuando lo del tío
aquel del saco. Si hubiera otra
posibilidad no creo que este señor al que no le llegaba la camisa al cuello o
el otro, tan educado y enigmático, no nos la hubieran ofrecido.
El fluor evita la caries y el miedo la contestación
social. Un país tranquilo sin problemas dentales, ¿se puede pedir más?