martes, 15 de diciembre de 2009

La anguila escurriéndose entre mis dedos




Capítulo 1: Soñar, tal vez pensar.

En mi tierna infancia dividía el tiempo entre la contemplación y la ensoñación a partes iguales. Sentado en el escalón de mi casa miraba y fantaseaba por turnos pares. No sabía hasta qué punto aquel niño con pantalones cortos era una extensión del terreno que lo había abonado, ese que ha contemplado, sentado desde la costa, distintas invasiones y asentamientos mientras se dejaba seducir por el sempiterno horizonte sin bruma. Alguien llegó, pasó a nuestro lado, nos dejó la nariz gordezuela y los apellidos mezclados, luego otros echaron tierra encima hasta hacer olvidar cualquier vestigio de cultura anterior. Puede pasear sin temor a que un fenicio lo atraque en cualquier esquina.
Hace poco, sin duda alentados por tan prometedor pasado, llegaron otros y también nos invadieron. Nos echaron de la costa y de la marisma. Pusieron unas chimeneas que criaban humo en lugar de dátiles y empezaron a mear por delante y a cagar por detrás. Alguna vez se irán. No los echaremos. No echamos a nadie. Se irán cuando tengan que irse, sin más.

La historia, nuestra historia individual y colectiva. Yo miraba y soñaba, mientras Huelva, distante y gris, era invadida y la anguila se escurría entre mis dedos en la Punta del Sebo (una playita que teníamos en la ciudad antes de que la última invasión la convirtiera en vomitorio oficial y subvencionado).

Capítulo 2: Obediencia ciega

Un día, Alberto (Einstein) decidió comprarse un fondo de armario con trajes idénticos y de esa forma ahorrarse la pérdida de tiempo que supone la autocontemplación, la duda y la coquetería. Podríamos decir que fue un pre-maoísta.
En algún momento, de forma inconsciente, comencé a aplicar la útil estrategia de la obediencia ciega. Ahorra mucho tiempo. Si estoy en unos grandes almacenes y un monitor de televisión me dice que tengo que comprar un pela-ajos milagroso, lo compro y voy saltando de alegría hasta estampar el útil en el cajón olvidatodo de mi casa. Con el tiempo, el cajón se convertirá en la habitación olvidatodo y de seguir así, no es improbable que acabe durmiendo en la caseta del perro, guardando a mi casa milagrosa.
Obedecer ciegamente tiene muchos beneficios, como puede ver.

Capítulo 3: La queja como pegamento emocional

Mi repertorio de quejas siempre ha estado más relacionado con lo colectivo que con lo individual. Probablemente porque mi objetivo no era tanto ser aceptado por el otro (sujeto abstracto), como por la comuna, o porque para jugar al mus hacen falta más de dos.
Si usted está atascado por la historia previa, por las invasiones bárbaras o por la queja sistemática como pegamento emocional (mientras me queje, alguien tendrá la obligación de oírme, de estar), ¿quién soy yo, siervo de todas las irrupciones físicas y mentales en mi trémulo córtex pre-frontal, para pedirle que deje de sufrir y actúe?

17 comentarios:

Ali dijo...

Me imagino a ese niño ensimismado y con pantaloncitos cortos mientras los fenicios se paseaban delante jugando con los aros de los carros, jaja, muy grafica la entrada, Juan. Me ha encantado.
Yo ya actue, ¿recuerdas?
Ali

Un saxofonista en mi salón azul dijo...

¿Y para qué se hace un psicólogo si no? Para escuchar a grandes y pequeños quejantes, que no quijotes y darles la extremaunción, perdón, la absolución, perdón... es que mi mente hizo un símil muy gráfico de este Mr. en su trono y estos australopithecus esperando las grandes verdades existenciales...
No bromeo, Mr., le admiro.
LADY JONES
pd. por eso ayer si hubiera tenido tu móvil... te dejo sin batería, ajjajaja.

Anónimo dijo...

http://www.dailymotion.com/video/x9wb8x_reportaje-contaminacion-en-huelva_news?from=rss

Anónimo dijo...

Me ha gustado mucho tu post, especialmente el capítulo 1 por la proximidad y el segundo por esa dulce ironía. Un saludo, Samuel.

jordim dijo...

más peña como Enistein hace falta, aunque no sean genios,...

Walden dijo...

Ali: Sí, recuerdo tu actuación. Un gran salto. No se puede olvidar. Un beso.
Lady: Menos mal que colores como el gris permiten apreciar el arcoiris. Me alegro de que haya aclarado.
Un besoabrazo.

Anónimo1: Conocía el video. De hecho estuve por ahí. Gracias por el aporte.

Samuel: Gracias por el comentario. Un saludo.

Jordim: Un descubrimiento tu blog.

mas de mi que de... lirio dijo...

Hoy tampoco te leeré... soy así de cara dura :) pero esto no implica que no pase y te deje mis besos desde el alma.

Tu, entre algunos que me leen seguramente sabes lo que es convivir con el TLP durante una crisis asi que no voy a excusarme.

Gracias por tus mimos en forma de palabras.

Anónimo dijo...

Yo también estoy diagnosticada de trastorno limite y es lo peor te lo aseguro. Sobre lo que dices del pegamento te voy a decir como lo vivo yo, es como si tuviera pegadas las suelas de los zapatos, intentara despegarme pero no lo lograra y al mismo tiempo, me diera miedo soltarme, por si me caía. Un saludo, intentare leer de vez en cuando lo que escribas ahora que estoy de baja y bajona.
Pepi

Walden dijo...

El TLP es de los trastornos que más hacen sufrir al que lo padece y los que están en su entorno y no saben cómo manejarlo.
Comprendo lo que dices.
Un abrazo.

Un saxofonista en mi salón azul dijo...

Mr! que soy un desastre y no me había apuntado en tu super grupito de fans históricos!!!
Un beso de viernes, ¿cómo se da un besoabrazo?
LADY JONES

La chica de la farmacia dijo...

¡Ay, que tu entrada me dejó boquiabierta!

El capítulo uno, me dio tristeza. Perdón por la expresión, pero ¡qué mierda!

El capítulo dos me hizo meditar acerca de mis olvidatodos guardados hace años (cajas, cajitas y cajones). Creo que como buena consumidora, consumí cosas que luego olvidé que consumía, o que finalmente no eran consumibles... sólo que no lo noté hasta que lo consumí y no me sirvió.

Y el capítulo tres, me hizo sentir que si me lo pides lo haría. No sé, supongo que, aunque no ciegamente, algo de obediencia en mi, aún hay. O quizá pase por un tema de necesidades. Estoy confundida. Necesito un besoabrazo.

Felices fiestas Walden! Es lindo volver a leerte y sentir que "tiene razón"... Joooooo! Siempre me iré así de tu rincón. A veces siento como si me dijeras "Yo te avisé"...

Un besote festivo!

Walden dijo...

Lady: Ya estás apuntada, te aviso para las oportunas quedadas subversivas. Un besoabrazo es la consumación de ambos: el abrazo está un escalón por encima del peso en la clasificación de gestos íntimos, el besoabrazo es ideal para el crudo invierno (incluso el mental).

Chica: ¡Cómo te echaba de menos!

Espero que ambas disfrutéis todo lo posible de estos días.
Un beso.

Moni dijo...

Un placer como siempre. Me gusta pasar por tú casa de vez en cuando

Walden dijo...

Bienvenida, Moni, y ya que estamos en invierno, aprovecha para escribir más a menudo en tu blog, que me gusta conocer el proceso completo del laberinto.
Un saludo.

Barbarella dijo...

Bueno,bueno, que animado está esto!!
Además una nueva foto de perfil, pero no llego a identificar si es una tortilla..o qué es??
Te cuento que yo al leer el título, he conectado con la canción de Victor Manuel "porque por sus dedos como un pez se le escurrió,,pronto cumplirá los 26".
Me encantan tus títulos, subrayo tus palabras de la entrada.
Ahora sólo me queda desearte una muy muy feliz nochebuena con tu familia y tus Grandes chicas.
B.

La chica de la farmacia dijo...

¡Es una paleta dulce! Yo lo descubrí pero olvidé mencionarlo. ¡Al doc le gustan las golosinas!

Así que, feliz Nochebuena y unos cuantos chocolates para el arbolito =)

Walden dijo...

Barb: Gracias, también te deseo que pases unas buenas fiestas con tu familia y tu Granpequeña. Un beso, profe.

Chica: ¡Efectivamente!: es una paleta de esponjitas y me encantan las chuches. Un abrazo, que lo pases muy bien en estos días.