jueves, 2 de diciembre de 2010

TODO LO INTENSO ES DEFINITIVO





- Me acaban de llamar de casa, mi capitán. Mi padre está bastante mal.
- Cuánto lo siento hijo, ahora mismo te firmo un permiso, pero a esta hora, ¿hay algún tren o autobús para tu tierra?
- No se preocupe, tengo quién me lleve.

Diez minutos antes de contarle aquella mentira al bondadoso capitán de ingenieros con el que trabajaba de 9 a 14, iba corriendo por el pasillo hacia su despacho con el corazón dando tumbos entre mis temblorosas manos. Y mirando un poco más atrás, sentado en la sala de estar, con el pijama ya puesto, hablaba por teléfono con ella, a 500 km de distancia. Conforme la escuchaba el corazón se me iba desplazando hacia un lugar más habitable. Colgué, pegué un salto y me puse el uniforme de “bonito” de soldado raso, en plan Supermán en esa cabina de teléfono que siempre tiene tan a mano, e inmediatamente después volaba por el pasillo ideando una excusa completamente irrefutable.

La certeza de que si no la veía inmediatamente, esa misma noche, no llegaría vivo al día siguiente, era tan aplastante que los obstáculos se caían antes de aparecer. Los kilómetros, la falta de trenes y autobuses, de coches o de alguien dispuesto a dejármelo, la noche en ciernes, el posible asesino de autoestopistas abandonados en las cunetas, los aullidos del campo que me metían la cabeza entre las sábanas en mi infancia,… nada, ni siquiera mi preclaro compañero de litera, con su razonamiento epicúreo fueron capaces de detenerme.

- No podré vivir si él - me dice la paciente, como me han dicho tantos y tantas otras antes en esa misma silla. “No podré soportarlo”.

Cada vez que llega un paciente a punto de ahogarse en su negro futuro anticipado, me devuelve a aquel chico exánime con el dedo extendido por las carreteras de Despeñaperros. Entiendo lo que siente y comprendo que si lo que nota en su interior es tan intenso es porque es infalible, cierto y definitivo. Luego me toca matizar: Le aseguro que usted podrá seguir viviendo sin él, que un día incluso, es posible, que se alegre o que, simplemente, lo vea todo lejano y absurdo. Ahora bien, le va a resultar mucho más difícil permanecer mucho rato manteniendo esa intensidad (bueno, también esperaba eso los otros días, viendo al Barcelona) emocional. ¿Qué le parece si antes de tirarse a la carretera en su búsqueda le enseño a tranquilizarse un poco?

Una pena que aquel capitán, - capitán, oh, mi capitán- se dejara seducir por el dolor imaginado en el triste muchacho que lo abordaba cuando estaba antes de marcharse a casa. Cualquier sargento al uso me habría puesto a hacer flexiones delante de él. Qué revelador habría sido.

15 comentarios:

MT dijo...

Hola Walden,yo extrapolo la intensidad del amor que describes en la entrada a la intensidad de una circunstancia concreta y en el fondo creo que esa intensidad que no paraliza puede ser hasta positiva: no ver obstáculos y avanzar avanzar... eso sí, a saber hacia qué!.Sé que ningún extremo es beneficioso, pero una se piensa tanto las cosas que a veces envidio los arrebatos que te despeinan.Me ha gustado la entrada y cómo relatas la escena. Un beso!

La chica de la farmacia dijo...

¿De verdad crees que hubiera sido revelador? Yo creo que era lo que debía suceder, yo creo que debías excusarte aunque la excusa fuera absurda para corroborar tú mismo que sí puedes vivir si no la veías el mismo día, el siguiente o los que vengan después de ellos.
De los errores se aprende, duele muchísimo y creemos que no podemos caer más bajo de lo que ya caímos, pero, oye padrino, ¡qué tú eres el erudito y yo estoy hablando porque tengo boca! No me dejes hacer estas cosas. Jajajajaja :D

Nada. Pasé a decirte que me encantó la entrada. Y que te extrañaba tus historias en demasía.

Un besoabrazo enorme.

Maria dijo...

Una persona muy especial tu capitàn. No se quedò en lo superficial (que la excusa fuese o no cierta) y supo ver lo realmente sincero: que lo estabas pasando mal y necesitabas salir. Y, ademàs, se preocupa de si tienes medios o no... No es frecuente encontrar gestos tan humanos, sobre todo en personas que, jerarquicamente, estàn por encima. Si hubiese sido soldado, me habrìa gustado estar en la compañìa de ese capitàn. Aunque, supongo que... ¿a quièn no????

Walden dijo...

Esa intensidad, desde un punto de vista fisiológico, es bastante similar. En realidad hay pocas diferencias respecto a la respuesta: incita a la acción. En el primer caso, amor, vas corriendo a su encuentro; en el segundo, ansiedad, por ejemplo, sales huyendo de algo de lo que no te puedes desprender.

Un beso para ti.

Walden dijo...

Desde luego, llevas razón en lo que comentas, ahijada. Esa historia la hubiera repetido todas las veces, incluso tras comprobar las consecuencias.

Un beso cinéfilo.

Walden dijo...

Hola, María. Te has detenido en un aspecto esencial: el capitán y cómo reacciona. Una persona increíble.

Me ha gustado mucho tu observación.

Un beso.

Alís dijo...

Menos mal que nos encontramos con esos capitanes y también esos sargentos, con diferentes representaciones. Podemos aprender de distintas maneras y hasta podemos comparar cuál duele más.
Supongo que es inevitable sufrir la distancia, la pérdida, la necesidad... pero vamos mejorando con el tiempo. Al menos ya sabemos que se puede.

Ando tardona, pero siempre llego. Disfruto mucho con tus textos.

Besos

Walden dijo...

Me parece muy acertado tu comentario, Alis. "Al menos ya sabemos que se puede". Sí, como mínimo eso lo aprendemos. Cuando lo vivimos de nuevo es como si nunca lo hubiéramos aprendido, pero después nos queda la esperanza de que todo pasa.

Un beso, Alis.

Walden dijo...

Me parece muy acertado tu comentario, Alis. "Al menos ya sabemos que se puede". Sí, como mínimo eso lo aprendemos. Cuando lo vivimos de nuevo es como si nunca lo hubiéramos aprendido, pero después nos queda la esperanza de que todo pasa.

Un beso, Alis.

Isabel - Frabisa dijo...

El capitán jugó perfectamente su papel. Los demás han sufrido la intensidad en su más pura esencia, pero también, como bien dices, es un sentimiento efímero en todas sus manifestaciones, tanto en el amor, como en el dolor (afortunadamente que sea así)

un beso

(te he contestado en mi blog)

Walden dijo...

Será por eso que es tan adictivo, por lo poco que dura.

Voy al blog a ver la respuesta.

Un beso Fra.

MAR dijo...

Un placer conocerte.
Un abrazo para ti.
mar

Coraline dijo...

simpre existen esos momentos en la vida, en que piensas que vas a sentirte así para siempre, que nunca habías tenido el corazón tan rojo... pero acaba pasando, como todo, a algunos les cuesta más, a otros menos, pero ciertamente hay que aprender que si no puede ser ya vendrán otras personas y otras historias para cambiarlo todo :)

en cuanto a tu comentario supongo que si, que todos tenemos días grises y días azules, yo personalmente siempre me suelo inspirar más cuando estoy triste, tal vez es por esa necesidad de desahogar todo lo que siento para quedarme más tranquila, es lo que me ayuda

un beso grande!

y muy bonita tu historia por cierto, creer en algo que nos haga ser capaces de todo :)

Walden dijo...

Mar: otro abrazo para ti, gracias por la visita.

Coraline: Cuando era un adolescente escribía poesía, pero los únicos momentos en que era capaz de hacerlo era en situaciones de desamor o similares, parece que cuando uno es feliz pasa más tiempo disfrutándola que parándose a autocontemplarse. Esos momentos, en algunas personas, puede ser muy productivo y clarificador. Espero que ese sea tu caso.
Un abrazo.

Irreverens dijo...

Jejeje, creo que en mi vida he mentido a varios capitanes con esa misma "bravura"...
:D