
Llegados a este punto, usted ya es una persona libre. Ha dejado la ansiedad atrás y puede mirar el futuro con optimismo. Si no es el caso no importa, tenga en cuenta que aún nos quedaba el último y definitivo cartucho.
Vamos a hacer un breve resumen previo.
Recuerde que su objetivo no debería ser tanto “quitarse la ansiedad”, como aprender que es justo el temor que le tiene a la misma lo que ha convertido ese taquicardia o esa sensación de ahogo en un problema de estas dimensiones. Muchas de sus conductas están relacionadas con la prevención y cuando está en ese proceso, el mero hecho de pensar que pueda fallar algo desencadena la sintomatología temida. Así pues, espero que haya entendido que, salvo que exista alguna causa orgánica que lo justifique, lo único que hace su cuerpo es obedecerle. El problema es que usted no sabe que le está ordenando algo. De forma que empieza a identificar a agentes internos o externos como responsables de su mal, y es ante esos que señala sobre los que actúa, con lo cual será imposible que acabe manejando lo que realmente le ocurre.
Vamos a hacer un breve resumen previo.
Recuerde que su objetivo no debería ser tanto “quitarse la ansiedad”, como aprender que es justo el temor que le tiene a la misma lo que ha convertido ese taquicardia o esa sensación de ahogo en un problema de estas dimensiones. Muchas de sus conductas están relacionadas con la prevención y cuando está en ese proceso, el mero hecho de pensar que pueda fallar algo desencadena la sintomatología temida. Así pues, espero que haya entendido que, salvo que exista alguna causa orgánica que lo justifique, lo único que hace su cuerpo es obedecerle. El problema es que usted no sabe que le está ordenando algo. De forma que empieza a identificar a agentes internos o externos como responsables de su mal, y es ante esos que señala sobre los que actúa, con lo cual será imposible que acabe manejando lo que realmente le ocurre.
Cuando su psicólogo le pregunte cómo se encuentra y usted le diga: “Bastante mejor, hace mucho tiempo que no noto esas sensaciones”, él se sentirá tentado de despedirse alegremente de usted con cara de triunfador, pero en tal caso es muy probable que vuelvan a verse en el mismo sitio algún tiempo después. No se trataba de notar o no esas “sensaciones”, sino de no temerlas, igual que no teme los dolores de cabeza aunque no quiera, por nada del mundo, que le entren.
La número cinco es en realidad la primera que vendemos en los consultorios: aprender alguna técnica de relajación más o menos básica en función del nivel de alteración que presenta la persona.
Si estuviera impartiendo uno de mis seminarios de autoconocimiento en la sierra onubense (The Cow’s Contemplation ® ) le enseñaría una técnica de respiración que justificara lo mucho que ha pagado por aprender a conocerse mejor (un afán muy noble que nunca he comprendido muy bien, pero que es bastante rentable para los que te aclaran quien eres en realidad). Pero como estamos aquí, entre amigos y con ron de por medio, nos vamos a dejar de mística y parafernalia.
Mire usted, se trata de que sea capaz de respirar a un ritmo determinado, sin más. Cuando consiga hacerlo y mantenerse así durante el tiempo necesario, sin volcar pensamientos incendiarios continuamente, logrará la venerada tranquilidad por la que tanto suspira.
Ponga en marcha el cronómetro del móvil y cuente sus respiraciones por minuto. Márquese como meta estar durante cinco minutos seguidos (no vale 1, luego, tres, y a los diez minutos, dos; tienen que ser seguidos), mantenerse entre 8 y 12 respiraciones por minuto. Permita a la rama noble y apacible de la familia hacer acto de presencia: la parasimpática, que viene a ser como la Mary Poppins del cerebro.
Ahora toca despedirse del serial por capítulos. La próxima vez que charlemos sobre ansiedad le tocará a un trastorno específico.
Un saludo cordial.
La número cinco es en realidad la primera que vendemos en los consultorios: aprender alguna técnica de relajación más o menos básica en función del nivel de alteración que presenta la persona.
Si estuviera impartiendo uno de mis seminarios de autoconocimiento en la sierra onubense (The Cow’s Contemplation ® ) le enseñaría una técnica de respiración que justificara lo mucho que ha pagado por aprender a conocerse mejor (un afán muy noble que nunca he comprendido muy bien, pero que es bastante rentable para los que te aclaran quien eres en realidad). Pero como estamos aquí, entre amigos y con ron de por medio, nos vamos a dejar de mística y parafernalia.
Mire usted, se trata de que sea capaz de respirar a un ritmo determinado, sin más. Cuando consiga hacerlo y mantenerse así durante el tiempo necesario, sin volcar pensamientos incendiarios continuamente, logrará la venerada tranquilidad por la que tanto suspira.
Ponga en marcha el cronómetro del móvil y cuente sus respiraciones por minuto. Márquese como meta estar durante cinco minutos seguidos (no vale 1, luego, tres, y a los diez minutos, dos; tienen que ser seguidos), mantenerse entre 8 y 12 respiraciones por minuto. Permita a la rama noble y apacible de la familia hacer acto de presencia: la parasimpática, que viene a ser como la Mary Poppins del cerebro.
Ahora toca despedirse del serial por capítulos. La próxima vez que charlemos sobre ansiedad le tocará a un trastorno específico.
Un saludo cordial.