lunes, 11 de enero de 2010

¡No dispares a Baltasar!



“¡Te quedas sin Reyes!”. Cuando me lo dicen ya ellos han anunciado el castigo así que demás está lo que les pueda sugerir al respecto. Ahora que ya han pasado y que estamos disfrutando de lo que dejaron junto al arbolito, y he comenzado a ver a niños "carbonizados", vuelvo a revivir algo que sucede año tras año.

Los otros días comentaba con una madre (profesora de instituto) lo poco socializado que está el conocimiento científico respecto a las pautas de educación. Por ejemplo, sabemos desde hace más de cincuenta años que estrategias del tipo: “Si apruebas en mayo tendrás una super-moto” dan malos resultados. La conducta que sigue a ese planteamiento es un esfuerzo intenso inicial, pero un descenso progresivo y luego, cuando se ve que el objetivo se pone cuesta arriba, abandono: “Total, como ya no lo voy a conseguir”.

De entre los castigos habituales hay dos que siempre me sorprenden. Uno es ese de dejar sin Reyes y el otro es el de dejar sin recreo. El castigo no educa. Para que sea eficaz extinguiendo conductas debe, entre otras cosas, ser muy corto e intenso, y eso rara vez sucede.

Seguramente, dejar sin recreo será el último recurso para el maestro. Algo así como la cadena perpetua. Si lo utilizamos como amenaza -“cómo no dejes de hablar te quedas sin recreo”; “como no apruebes te quedas sin reyes”- desgraciadamente nos veremos en la tesitura de tener que aplicarlo en un momento dado.

Un día me preguntó un niño en la consulta:

- ¿Le habrá contado mi padre a los Reyes lo de las notas?

En menudo aprieto me puso.

Como decía en el post anterior, mis padres me inocularon la ilusión y la he seguido toda mi vida como a una zanahoria que se deja mordisquear permanentemente. Nunca asociaron el momento de los Reyes a ninguna conducta especial. Yo iba a la cabalgata y de vuelta a casa, escondido en algún lugar, encontraba el regalo que me habían dejado a su paso. Un año, no sé por qué lo recuerdo especialmente, habían dejado debajo de unas sábanas que cubrían con poca sutilidad el aparador del salón, una metralleta estupenda, de esas que disparaban haciendo con la boca ra-ta-ta-ta-tá,. Mi padre me dijo: “Mira debajo de la sábana”, intuyendo que era ahí donde lo habían dejado. Y mi padre no se equivocaba ningún año.

Siento una gran tristeza cuando me entero de que a un niño lo han dejado sin Reyes, “a ver si así aprende”. Me imagino un post, unas navidades, quince años después, titulado: “El año que los Reyes no me trajeron nada”. Igualmente, me parece irrecuperable ese día sin recreo, justo cuando Rosi había quedado con él para confesarle, al fin, lo que esperaba escuchar…

Pillé la metralleta de plástico con gatillo móvil y salí corriendo a la calle a ratatear a cualquiera de la banda de la calle 8 que me encontrara, pero en su lugar un señor alto, delgado tirando a desvencijado, como salido de una peli de Tim Burton veinte años más tarde, me detuvo en seco:

- ¡¡Eh, eh,… ¡ ¡No vayas a disparar a Baltasar!

Hasta que no me senté frente a unos padres que acababan de tirotear a los Reyes Magos no pude entender muy bien aquel mensaje.

12 comentarios:

La chica de la farmacia dijo...

Wow padrino!!!!!!! No dejan de sorprenderme tus entradas. Cada vez que paso por aquí me cuesta irme. Además, aquí yo cumplo la función de niña siempre, ya cuando sea mamá las cosas serán diferentes, pero siempre miro tus cosas con ojos de niña.

Te cuento algo, el comentario que escribí primeramente era tan pero tan kilométrico, que resultó en una entrada en mi blog, jejeje... sólo debo hacerle unos retoques y estará lista para ser leída ;)

Me encantó ese regalo de Reyes que tanto recuerdas, te imagino con tu metralleta ratateando a cualquiera de la banda de la calle 8 y me muero de risa, ¡me encanta esa imagen! Cuánta ternura e inocencia, Walden. Me encantan estas entradas que me llevan a revivir lo feliz que fue mi infancia (y de paso, la tuya).

El regalo de Reyes que más recuerdo fue el de los 4 años. Una mesita de madera con cuatro sillas, en las que se sentaban mis muñecos a tomar la leche cuando yo regresaba del jardín. El ser hija única nunca me dejó sin Reyes, porque mamá sufría más que yo si hacía semejante cosa. Así que, los castigos eran penitencias sin salir a jugar =(

A veces servían, pero la mayoría de las veces no. Nunca terminé de comprender que si volvía a hacer algo así, no importa qué, volvería a ser castigada. Así que tengo miles de penitencias en mi haber :(

Quise abreviar mi comentario y quedó igual de kilométrico que el anterior :s ¡perdón! No puedo hablar menos, y mira que lo intento.

Ahora sí, me despido con un ra-ta-ta-ta-tá de besos y deseando que ningún padre vuelva a tirotear a los reyes. ¡Hasta pronto!

Gabriela Moreno dijo...

Cuánta verdad hay en este relato. Incluso debo admitir que este año fui capaz de decir la frase "Mirá que no vienen los Reyes". ¡Por Dios, me estoy reflejando en este escrito y no puedo creerme!
Una vez más me has dejado pensando.
Saludos.
Gabriela

Un saxofonista en mi salón azul dijo...

Ay, Mr. que te voy a pedir hora... me he quedado pensando mucho. Y entonces... ¿qué se hace? ¿Cómo se educa un no?

Me ha gustado mucho tu entrada. Tu ilusión, la palabra "ratatatear", me has hecho reír imaginándote. Pero no sé por qué a quien pongo cara adulta solo consigo idealizarle con cuerpo de niño y la metamorfosis siempre me queda muy graciosa, jajajaj.

El mejor regalo de Lady fueron todos sus reyes y la ilusión con la que se los entregaron. Y su gran desilusión... que nunca le trajeran carbón que es lo que ella pedía. Quería comprobar si era cierto. Y durante el año hacía pequeñas maldades esperando y los Reyes nunca las juzgaban demasiado malas y nunca lo trajeron. Hace años que Lady lo compra para sí misma en una cafetería...

Me lié. Beso.
LADY JONES

Barbarella dijo...

Esta mañana me han dicho:
!!jó, nos podiais castigar, es que hace mucho frío en el pATIO!!!
Sr Walden!! Lo del Reyecidio que barbaridad!! Como Gaspar se entere, a esos padres no les vana traer nada!
Pero lo del patio, tengo mis discrepancias..., con los mayores de ESO a veces funciona.
Un abrazo recreativo.
B.

Walden dijo...

Hola Abril, gracias por el comentario. Te imagino a tus muñecos ansiosos esperando a que llegaras para la hora de la leche, jaja. Yo también soy hijo único.

Como puedes ver más abajo, desde la perspectiva de madre (o profe) la cosa ofrece más dudas. Como hija no queda ninguna.
Un beso de cómplices de la inocencia.

Walden dijo...

Gabriela, jaja, las amenazas son los recuros más fáciles que tenemos y suelen funcionar. Las utilizamos todos, otra cosa es que a veces... Por ejemplo, tenía en la consulta a un niño diagnosticado de diabetes para tratar su terror a las agujas y la bata blanca. Durante mucho tiempo la amenaza favorita de los padres había sido: "Si no te comes esto llamo al médico para que te ponga una inyección", jaja, el pobre.
Pero seguro que lo tuyo se quedó en eso.
Un abrazo.

Walden dijo...

Lady, me imagino con mi pantaloncito corto ceñido, los zapatos Gorila y el tirachinas escondido en el bolsillo trasero junto a una cabeza pintando canas y más serio que un juez, jaja, vaya contraste. Realmente, es como me siento, o sea que no vas muy desencadenada.

Para decir "No", no es preciso amenazar, basta con mantenerse firme. Mantener límites claros es lo más saludable para los niños y seguro que eso lo haces bien.

Jaja, o sea, que querías carbón. Siiiií, yo también quise probar el carbón en mi propia casa y no en la de Dani (mi primo) el travieso. Nunca comprendí como esa golosina era parte de un castigo. La primera vez que mi primo me dijo que fuera a probar el carbón que le habían traído los Reyes creí que acabaríamos con las caras pintadas y en realidad acabamos con lombrices.
Un beso, Lady.

Walden dijo...

Hola Barb, qué gracia, los niños pidiendo evitar el frío. Los otros días vi un reportaje sobre la educación en Finlandia y las criaturitas salían al recreo a yo no sé cuántos grados bajo cero, tapaditos y abrigaditos... Será la costumbre, obviously.
Imagino que en el caso que cuentas, el castigo sería para la profe, en caso de tener que quedarse.
Está bien discrepar. En algún post retomaremos el tema en ese punto.
Un abrazo y gracias de nuevo por la magnífica guitarra.

Un saxofonista en mi salón azul dijo...

Hey, ¿puedo añadir algo? Una Lady el verano pasado estuvo tres meses en Finlandia y vio cómo las mamás sacaban al balcón a sus bebés para exponerlos al frío (-10º, 0, 7), para hacerlos fuertes y sanos... No valen los castigos de B., pero me encanta el ingenio.
LADY JONES.

PD. Me sigo riendo, Mr.

Leonor dijo...

Buenísima la entrada, Juan. Me he reído mucho imaginándote pegando tiros con la boca. Seguramente lleves razón sobre lo de las amenazas, desde luego ahora cada vez que lo haga seguro que me acuerdo de tu comentario.
Un beso.

Frabisa dijo...

Concuerdo totalmente contigo, Walden.

Se puede y se debe educar en valores y castigar sin Reyes no es uno de ellos.

Privar a un niño de la ilusión que supone un día tan señalado debería de estar penado.

Vamos, que hasta a mí me encanta que me regalen en Reyes.

un beso

Esther dijo...

Yo soy la reina de las amenazas, madre mía, que apuro cuando lei tu entrada. En fin tendremos que intentar cambiar, ya se que no sirve de mucho porque si cada vez amenazo mas es que la cosa no va, pero es lo que tenemos las madres, porque los padres veo yo que son mas directos.

Un abrazo.